viernes, 24 de febrero de 2017

EL CAMBIO CLIMÁTICO: UNA REALIDAD DIFÍCIL DE ASUMIR.

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CAMBIO CLIMÁTICO, 7 CATASTRÓFICAS CONSECUENCIAS.- El mes de abril se celebra el Día de la Tierra, y por ello queremos destacar la importancia que tiene la lucha contra el cambio climático en un colectivo cada vez más concienciado sobre este asunto como lo es la comunidad latina. 
La sociedad latina está encabezando una fuerte campaña contra la construcción del oleoducto Keystone XL,  que transportaría el petróleo a lo largo de EE.UU. Para ello, han creado una plataforma, Presente.org, con la que quieren concienciar a la sociedad estadounidense y al propio presidente norteamericano de los graves riesgos para la salud pública, los recursos hídricos y las tierras agrícolas, además de contribuir todavía más a un dañino cambio climático. 
No obstante, si todavía no tienes muy claro qué es el cambio climático, los factores que lo causan y las devastadoras consecuencias, aquí te lo explicamos: 
¿Qué es el cambio climático? 
Se trata del problema ambiental  más importante al que se enfrenta la humanidad. Es un proceso provocado por la acción directa del hombre, por el cual la temperatura del planeta está aumentando. A raíz de este aumento de las temperaturas se producen fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, así como catástrofes de todo tipo: huracanes, tsunamis, terremotos, erupciones volcánicas, tormentas intensas, inundaciones,  sequías, aluviones, aumento de la radiación social y la desglaciación de los nevados, etc.
¿Cuáles son sus causas? 
La sociedad mundial cada vez demanda más consumo de energía, un hecho que va acompañado de una mayor actividad industrial, más transportes en todo el mundo y una excesiva deforestación de los bosques, todos estos procesos han desencadenado un incremento de las emisiones a la atmósfera de CO2 y metano, unos perjudiciales gases que provocan el efecto invernadero y son los causantes del cambio climático.
Sus devastadoras consecuencias:
1. Aumento de las temperaturas. 
2. Crecimiento del nivel del agua debido al deshielo de los polos. 
3. Aumento de las enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
4. Escasez de alimentos ante las dificultades de cultivo por la afectación de los suelos y las altas temperaturas.
5. Sequía extrema debido a un mayor consumo de agua motivado por las altas temperaturas. 
6. Extinción de muchas especies animales que no podrán adaptarse a estas nuevas temperaturas. 
7. Aumento de la intensidad y frecuencia de las lluvias, huracanes y tornados, debido a un incremento de la evaporación del agua.

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EL CAMBIO CLIMÁTICO: UNA REALIDAD DIFÍCIL DE ASUMIR.
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El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo [...] Lo negamos porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo cambiará.- Naomi Klein

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Papeles eco-sociales y cambio global.

La escala que ha alcanzado la actividad humana, alimentada desde el  inicio de la revolución industrial por los combustibles fósiles, es la principal causa de que los gases de efecto invernadero (GEI) se acumulen en la atmósfera desestabilizando el clima del planeta. Esta acumulación de gases indica, en primer lugar, que se ha superado la capacidad de absorción de los sumideros naturales y, en segundo lugar y como corolario, que probablemente los problemas vienen hoy planteados –en mayor grado y urgencia– más desde los límites de la capacidad de vertedero del planeta que desde sus límites para proveernos de recursos.

Apenas ha transcurrido un año desde la celebración de la 21ª Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París y, pese a los acuerdos alcanzados y que todas las alarmas se han encendido, nada indica que la loca carrera hacia la ganancia, la lógica productivista y el impulso consumista del capitalismo se hayan atenuado lo más mínimo. Vivimos instalados en una profunda contradicción: cuando mayores son las evidencias del problema menos hacemos por su resolución.

Seguramente no existe una explicación sencilla de esta contradicción. Sin embargo, algo ayudaría si empezásemos por reconocer en el cambio climático el principal conflicto eco-social de nuestros días. No solo es un problema ambiental, también es el punto de encuentro de expectativas, valores e intereses antagónicos. Aunque terminará por afectarnos a todos, ni las responsabilidades son equiparables ni ante los efectos todas las personas son igual de vulnerables. Si los mayores responsables (los ricos) son los que menos temen el problema debido a que disponen de una fortuna –amasada en buena medida gracias a que el pre-cio de contaminar es cero– que les permite protegerse de sus peores efectos, y si los que menos han contribuido al problema (los pobres) son los que más lo sufrirán precisamente por todo lo contrario, parece difícil esperar la misma disposición a encontrar y respetar un acuerdo que satisfaga a todos en forma y plazo.

Y lo que es lo más importante, hay quien ni siquiera ve en este conflicto una amenaza real a sus Business as usual sino, más bien, nuevas oportunidades para seguir cosechando beneficios, pues aunque resulte claro que el deterioro ecológico afecta a las condiciones para la continuidad y desarrollo de la vida humana en una comunidad civilizada, es más dudoso que, al menos a corto y medio plazo, cierre las posibilidades de la acumulación capitalista si tenemos en cuenta la capacidad que muestra este sistema económico de lucrarse en medio de la devastación. El ahora denominado «capitalismo verde» se entendería mejor (y provocaría menos entusiasmo) si fuéramos capaces de mostrar que no es más que la expresión de cómo opera este sistema económico en medio de la destrucción que provoca. Pocos lo han expresado mejor que Eduardo Galeano: «La salvación del medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas que lo aniquilan»; y expone a continuación los ejemplos de General Electric o DuPont que, encontrándose entre las empresas más contaminantes del mundo, han desarrollado divisiones muy lucrativas centradas en el desarrollo de equipos para el control de la contaminación del aire y servicios para el tratamiento de residuos industriales.

Así pues, nos encontramos en medio de un conflicto profundamente desigual y prolongado, pero en el que resulta muy difícil, si acaso imposible, identificar de forma inmediata y con suficiente precisión quienes son los damnificados y quienes los responsables. Para poder hacerlo se necesita recurrir, entre otras cosas, a la historia y a un puñado de conceptos (como el de la justicia ambiental, la deuda y la huella ecológica, la bio-capacidad equitativamente distribuida o los global  para clarificar cómo los procesos de apropiación y destrucción del espacio ambiental común por parte de unas personas generan desposesión y expulsión en otras. Pero, desgraciadamente, estas nociones brillan por su ausencia en el espacio público, por no decir en los debates políticos, por lo que la dificultad de visualizar este conflicto entre la ciudadanía se ha convertido en uno de los principales elementos de bloqueo para lograr una respuesta que se encuentre a la altura del desafío que plantea el cambio climático.

Que eso sea así es una victoria del poder y de la ideología dominante, y no solo el resultado de la dificultad de comunicar información y conocimiento relevante. El desigual reparto de poder siempre subyace en cualquier conflicto, de modo que no haber logrado hacer a tiempo lo necesario para reducir las emisiones de GEI tiene más que ver con que ese logro entra en conflicto radical con el capitalismo y sus estructuras de poder que con cualquier otra cosa. Ahora bien, una vez dicho esto, conviene prestar atención a esas otras cosas que también influyen en la percepción social sobre el cambio climático y en las contradicciones que manifiestan nuestros comportamientos.




Posmodernidad y posverdad.

Comencemos por el clima cultural que impera desde hace más de tres décadas: el posmodernismo. Hacia el final de los setenta del siglo pasado se hace patente la mayoría de las fuerzas que han terminado por conformar el mundo actual: la presión demográfica y las primeras crisis globales de recursos, el inicio de la hegemonía neoliberal, el avance de la globalización o la aparición del ordenador personal como aparato doméstico. Estos cambios sociales, tecnológicos, políticos, económicos y ecológicos, en un contexto cada vez más turbulento, se vieron acompañados de una nueva tendencia sociocultural que, en el plano filosófico, se caracterizó por una crítica demoledora al “mito” de la razón ilustrada.

No bastaba con reconocer la existencia de límites en la manera de aproximarnos y comprender la realidad (sesgos cognitivos, socioeconómicos, inconscientes o lingüísticos) que hacen del conocimiento una verdad provisional, condicionada y situada en su contexto histórico. Ni parecía suficiente la oportuna crítica a la racionalidad instrumental como colonizadora de otras dimensiones de la razón. Seguramente no faltan motivos para ir más lejos en la crítica a la razón dominante, pero la traducción que esto ha ido teniendo en el plano político y cultural es preocupante. En el político porque la crítica posmoderna a los grandes relatos ideológicos, al espíritu utópico y a la voluntad emancipadora ha conducido hacia una micro-política desencantada en la que priman los elementos emocionales y estéticos sin capacidad real de contrarrestar la hegemonía neoliberal. Ello ha suscitado que Fredric Jameson se pregunte si el posmodernismo no será sino la lógica del capitalismo avanzado, o que Richard Wolin sostenga que la posmodernidad expresa la claudicación cultural frente a los imperativos del sistema. En el plano sociocultural, ha favorecido que se expanda por la sociedad un talante que, bajo la apariencia de apertura y tolerancia, asume posiciones subjetivistas en las que el único patrón para evaluar el valor de un juicio son las preferencias subjetivas de cada individuo.

De esos polvos, estos lodos. Se dice que estamos en la era de la  posverdad
por la poca importancia que hemos decidido conceder a la información contrastada y de calidad y, sobre todo, por el rechazo a aquellas verdades que son inconvenientes o no se ajustan a la visión de la realidad que se desea. Poco importa que un enunciado pueda ser contrastado o refutado por la experiencia porque lo que cuenta son las emociones y las creencias personales. La distorsión de la información y la transmisión de bulos siempre han existido, pero la diferencia es que ahora se encuentran amplificadas con la ayuda de las redes sociales, y todo el mundo –no solo unos cuantos periodistas y medios de comunicación controlados por el capital o por el poder político– puede contribuir a su desarrollo. Es cierto que la propia ambigüedad de esas mismas redes sociales podría permitir lo contrario, pero la lógica con la que se incorpora el  big data y los algoritmos en la gestión de la información nos alejan de esa posibilidad dado que los contenidos se seleccionan, más que por su veracidad, por el impacto social que puedan alcanzar. En las redes sociales da igual que una información sea verdadera o falsa para que sea leída y valorada y, sobre todo, compartida (convirtiéndose en un fenómeno viral), pues no actúa el criterio de selección de un editor ni el conocimiento de un experto o la trayectoria profesional de un periodista sino un algoritmo que solo premia la interacción entre los internautas y la intensidad de los “me gusta”.

Infantilismo consumista.

La persona que se mueve a golpe de emociones y por aquello que le gusta en cada momento refleja una personalidad básicamente infantil. La mayor expresión de infantilismo la encontramos actualmente en el consumidor posmoderno, que siempre tiene la razón y debe estar contento y entretenido. La sociedad de consumo es el escenario de la posverdad y el consumismo la ideología que más activa en nuestro tiempo la irresponsabilidad general que se respira en el ambiente. Y para que esta dinámica sea difícilmente contrarrestable, se necesita despojar a la realidad de cualquier consistencia pues, como se sabe, no hay más realidad que la que surge del deseo. Sin importar, por supuesto, que ese deseo nos venga manufacturado y sea la fuente permanente de la insatisfacción que tanto agita al consumidor infantilizado.

Sesgos, inercias y obstáculos en la percepción del cambio climático.

No acaban ahí las dificultades para afrontar un desafío de la magnitud y urgencia como el que nos plantea el cambio climático. Ciertamente el contexto cultural posmoderno poco ayuda, al relativizarlo todo y ofrecer únicamente “débiles repuestas” a “fuertes problemas”. Y, desde luego, mucho entorpece la cultura consumista al disolver responsabilidades infantilizando y embelesando al consumidor. Pero hemos de vérnoslas también –como ilustran los artículos que componen el Especial de este número de PAPELES– con nuestras limitadas capacidades cognitivas para percibir sucesos cada vez más complejos e impredecibles; con sesgos en el quehacer científico que infravaloran el riesgo y sobredimensionan la incertidumbre; con tonos y estrategias comunicativas no siempre acertadas; con inercias mentales que nos impiden cambiar de rumbo ante verdades dolorosas; con trampas mentales y autoengaños en que incurrimos con frecuencia al tratar de resolver dilemas incómodos (como el del zorro que no puede alcanzar las uvas y concluye, para evitar herir su amor propio, “que están verdes”); con resistencias y obstáculos psicosociales de todo tipo que dificultan adoptar cambios en los compartimientos y estilos de vida; sin olvidar nuestra natural torpeza en la toma de decisiones (vinculada a la escasa competencia de nuestro cerebro para la estimación de probabilidades en la práctica cotidiana) o las patologías propias de la decisión humana (“fobia a la decisión”, “la parálisis hiperracionalista”, etc.) y, por supuesto, los ya mencionados núcleos de poder y grupos sociales interesados por mantener el  statu quo

Demasiadas dificultades como para no desalentar al más voluntarioso, pero que no llegan a ocultar que, a pesar de su importancia y variedad, donde probablemente nos juguemos a estas alturas la partida sea con la última, porque pocas cosas hay más difíciles que hacer comprender algo a alguien cuando su interés depende de no comprenderlo. 

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                                    Santiago Álvarez Cantalapiedra

jueves, 23 de febrero de 2017

PERÚ: EL SIGNIFICADO DE LAS MOVILIZACIONES LIDERADAS POR LA CGTP.

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LA MOVILIZACIÓN NACIONAL DESCENTRALIZADA ANTI-CORRUPCIÓN.- EL Pueblo, la Sociedad Civil emergente, popular, plural, democrática, la Ciudadanía del Perú, representado por sus gremios Sindicales – CGTP a nivel Nacional – Magisterio Nacional, organizaciones políticas del pueblo, con una amplia participación, colectivos Sociales, Gremios Universitarios, al FIN vamos comprendiendo la dimensión de la CORRUPCIÓN en nuestro país, y como en especial en los últimos 30 años entre dictadura y  democracia representativa, liberal y electoral,(Democracia mediática. Novelada, procedimental) el virus venenoso visible e invisible de la corrupción, ha logrado penetrar, capturar todas las Instituciones – unas en su total dimensión, otras que aún pelean por sacarse de encima el dominio de distintas formas de corrupción.

Señores la CORRUPCIÖN no es solo, en la “clase política” esta generación, hoy destrozada, liquidada y en su crisis final, no es solo Odebrecht, es total, sistémica – es en toda la estructura nacional del modelo vigente hoy: El Modelo neoliberal, que en sus propias entrañas lleva consigo el virus de la corrupción, modelo que hoy a nivel mundial se debate en su crisis final. Hoy los pueblos luchamos y advertimos a las clases dominantes y sus gobiernos corruptos que la traición tiene un límite – que hoy genera una total pérdida de CONFIANZA del Ciudadano, en relación con los políticos, empresarios, medios, funcionarios y cuantos ladrones y corruptos estén metidos en este sistema, que esto se acabó y si continua llegará en momento en democracia de exigir y luchar en calles y plazas públicas, QUE SE VAYAN TODOS.

Hoy los Ciudadanos de a pie, la sociedad civil emergente, el Poder Popular Local, está “destapando la olla de la corrupción” y logran comprender la dimensión del veneno impuesto por la corrupción; este modelo vigente nos está ahogando – y si a ello sumamos las consecuencias dramáticas del cambio climático global -, consecuencias inhumanas que pone en riesgo absoluto  la vida de los pueblos del mundo, la situación realmente es para estar en alerta permanente -; por ello en protesta contra este virus que envenena, la Salud, la Educación, el bienestar social, los servicios públicos, el Deporte, los Gobiernos Regionales, Municipios, Universidades, Medios de Comunicación, la Iglesia, militares, policías, transporte, Congreso y sus Comisiones de fantasía y engaño, Ejecutivo – Gobierno y su Proyecto de Aeropuerto Chinchero y sus Adendas y las Alianzas Público-Privadas APP, pestilente realidad de la corrupción que es múltiple, compleja en su estructura, y diversa en su composición y aún más diversificada en cuanto a los personajes que intervienen o que gozan de la distribución de las coimas.

Ahora, sí hemos destapado la olla de la corrupción nacional, por eso salimos los CIUDADANOS del Perú,  Arequipa, Tacna, Puno, Cuzco, Ayacucho, Huancavelica, Ica, Lima, Junín, Pucallpa, Huánuco, Loreto, Tumbes, Piura, Chiclayo, Trujillo y en general todo el Perú Profundo – y seguiremos saliendo – a decirle a las clases dominantes, corruptas y sus gobiernos, que sus formas de gobernar están contaminadas por la corrupción tienen un límite, - el escenario nacional huela a podredumbre - porque seguiremos luchando en las calles y plazas públicas - que es nuestro hogar democrático – si no hay una Política de Estado para acabar con este veneno, nuestra protesta social irá hasta el final: QUE SE VAYAN TODOS, por corruptos, ladrones, farsantes y traidores a la Patria. Pablo Raúl. Viernes 17 de febrero del 2017.

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PERÚ: EL SIGNIFICADO DE LAS MOVILIZACIONES LIDERADAS POR LA CGTP.

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Durante el fujimorato, 1,800 millones de dólares se evaporaron por corrupción comprobada por el equipo de la Iniciativa Nacional Anticorrupción que impulsó el presidente Valentín Paniagua. En dicho gobierno, los expertos internacionales estiman que al menos US$6,000 millones se perdieron como consecuencia de la corrupción

Gustavo Guerra García.

Otra Mirada. ALAI miércoles 22 de febrero del 2017.


La dirigencia de la CGTP convocó a una marcha contra la corrupción y contra la impunidad. Yo me adherí a esa marcha como muchos y lo ocurrido me anima a decir lo siguiente:

En el mundo y en el Perú existe la pequeña corrupción y la gran corrupción. Hoy los peruanos presenciamos una vez más cómo muerde la gran corrupción en donde más le duele a un país; en el recorte de las oportunidades para los peruanos, en los colegios que no se construyen, en los hospitales que no se ejecutan, en el desarrollo agrario que no se logra, en la logística policial que no tenemos, etc.

Históricamente, la gran corrupción se ha registrado en varias privatizaciones, en compras o ventas de armas, en los grandes proyectos de riego, en las grandes carreteras o en algunos sistemas de transporte como Metros o Aeropuertos. En los últimos 35 años, tenemos registro de la corrupción de la gran obra desde el primer gobierno de Alan García con Chavimochic y Charcani V. En estas dos obras, ejecutadas por Odebrecht, hay pruebas de sobornos en Brasil con registro de depósitos al ex presidente de INADE, el señor Jorge Ramos Roncero, ocurrido durante el primer gobierno de Alan García. También de esa época es la denuncia de Sergio Siragusa que señala que entregó sobornos para el presidente García por la ejecución de la Línea 1 del metro, que en ese entonces se denominaba Tren Eléctrico. Las transferencias del soborno se depositaron en cuentas a nombre de Alfredo Zanatti, que era el Maiman de aquellos tiempos. La Línea 1 del Metro debe ser el único proyecto en el que se han demostrado sobornos durante 30 años. Los otros escándalos de corrupción del primer gobierno de Alan García no estuvieron vinculados a obras públicas sino a Los Mirage, los depósitos de las reservas en el BCCI, la política del tipo de cambio múltiple (dólar MUC) y otros temas que no estaban relacionados a proyectos.

Luego, durante el fujimorato, 1,800 millones de dólares se evaporaron por corrupción comprobada por el equipo de la Iniciativa Nacional Anticorrupción que impulsó el presidente Valentín Paniagua. En dicho gobierno, los expertos internacionales estiman que al menos US$6,000 millones se perdieron como consecuencia de la corrupción y ello convirtió al gobierno del ex presidente Fujimori en uno de los más corruptos de la historia de la humanidad.

Entre 1990 y el año 2001, se firmaron 30 contratos de los 67 contratos firmados por Odebrecht con entidades públicas peruanas y 35 más (firmados por el gobierno nacional y entidades subnacionales) se firmaron en los siguientes tres gobiernos de García, Toledo y Humala. Durante el fujimorismo la corrupción significó gastos en armamento cuantiosos gastados después del conflicto con el Ecuador, algunas privatizaciones que desnacionalizaron la economía estuvieron asociadas a corrupción y también se registraron obras sobredimensionadas como la presa de Cucho quesera (ejecutada por Odebrecht) en Ayacucho en donde cada hectárea irrigada costó US$50,000 dólares cuando el valor de mercado de las mejores tierras del Perú estaban en ese entonces en US$7,000 dólares: US$43,000 dólares de pérdidas en un solo proyecto ejecutado durante el fujimorismo por Odebrecht. Una muestra de un sobredimensionamiento generado en un proyecto de riego.

Luego de unos pocos años de purificación temporal con Valentín Paniagua y el inicio del gobierno de Toledo, el poder corruptor de las empresas brasileras logró que el gobierno del Perú pase de las obras a las Mega Obras. El punto de inflexión fue la Interoceánica del Sur. Una obra en la que se mintió al país con beneficios falsos para la carretera. Se inventó que aumentarían las hectáreas cultivables de 90,000 a 180,000 sólo como consecuencia de la carretera y que la rentabilidad promedio sería de 85%. Con esas mentiras se inflaron US$600 millones de dólares de beneficios para justificar una obra en concreto asfáltico, que es el tipo de solución más cara para una carretera. Para ocultar que el estudio de factibilidad era mentiroso se exoneró el proyecto vial del Sistema de Inversión Pública. Esa fue la primera obra vial que se exoneró del SNIP. Una decisión que no es ilegal, pero que desencadena otras decisiones que tampoco eran ilegales, pero que ponen al Estado y a la sociedad peruana en una posición de indefensión. Luego el gobierno decidió licitar, por primera vez, una Carretera sin estudio definitivo de ingeniería. Eso encarecía la formulación de las ofertas y reducía la competencia. Se licitó sólo con tramos muy grandes que generaba que las empresas nacionales no puedan competir con las brasileras. Se licitó a velocidad de crucero perjudicando la competencia. Como consecuencia de lo anterior no hubo competencia y sólo se presentó un postor. Se licitó a menor subsidio, pero como nadie sabía cuánto costaba la obra, se incluyó una clausula en el contrato que establecía que el presupuesto de las obras dependería de los estudios definitivos de ingeniería que elaborarían los ¡concesionarios! y que revisaría, posteriormente, OSITRAN. Esto permitió que las obras pasen de US$890 millones a US$2,300 millones durante el gobierno de Alan García a través de múltiples adendas. Al no tener estudios definitivos de ingeniería, no hubo estudio de impacto ambiental antes de la firma de contrato. Menos evaluación estratégica ambiental. Las pérdidas para la sociedad equivalen a US$1,700 millones y las sobre-ganancias de los constructores ascienden a US$340 millones. La obra de la Interoceánica del Sur tenía un tráfico muy bajo y bastaba con unos US$600 millones para edificarla con pavimentos económicos.




12 años después el único bosque de la selva no desforestado el 2005, es el reino de la tala ilegal, la minería ilegal y la trata de personas. Una lástima haber desaprovechado una oportunidad de utilizar esos recursos para definir intervenciones que hubieran cambiado el paradigma de desarrollo de la selva.

La interoceánica del Sur no estaba en las prioridades del MTC. No estaba en el Plan 2006-2023. Debieron hacerse primero IIRSA Centro e IIRSA norte, pero fueron postergadas porque costaban menos que la Interoceánica del Sur (aunque tenían mucho más impacto económico).

A finales del gobierno de Toledo se dio una Ley con nombre propio cambiando las causales de impedimento para contratar con el Estado (aprobada por la Comisión Permanente) y volando los límites de endeudamiento. Eso permitió que Odebrecht pueda firmar la Interoceánica del Sur, IRSA Norte, IIRSA Centro, Olmos, Línea 1 del Metro etc. Esto generó un cambio. Nadie en el Perú antes del 2005 había logrado tener contratos por entre US$3,000 y US$4,000 millones. El volumen de estos contratos genera que se produzca un enorme cambio de poder. Esos recursos que nadie tenía en el Perú de forma concentrada en fechas previas provocaron que muchas de las firmas de ingeniería, estudios de abogados, medios de comunicación, comunicadores y empresas constructoras nacionales se articularan a este nuevo poder como proveedores o socios en consorcios. Los que señalamos los problemas de las decisiones que pusieron en posición de indefensión al Estado fuimos aislados laboral y mediáticamente y en mi caso, además, declarado persona no grata en Cusco, Puno, Madre de Dios y Arequipa con avisos pagados a toda página.

Todas las decisiones irregulares y que ponían en posición de indefensión al Estado fueron señaladas desde la izquierda –principalmente por el PDS, germen de Fuerza Social- desde el 2005 y estuvieron sobre la superficie. No requerían más investigación que mirar las bases y el modelo de contrato. La Contraloría General de la República, el Ministerio Público y las Comisiones del Congreso no hicieron nada efectivo en 11 años.

Las decisiones de política pública eran tan equivocadas que no es extraño que hoy sepamos que fueron lubricadas por un sistema de coimas que se conocen hoy por la capacidad e independencia de los sistemas judiciales y fiscalías de otros países. Pero, por mucho, tiempo no existieron las pruebas que hoy sí tenemos desde el 2014 gracias a los sistemas judiciales de Brasil, Reino Unido, Suiza y EE.UU.

Esta es una BUENA época para Latinoamérica y el Perú. Hace 12 años yo no pensé que iba a vivir para ver presos a los cinco presidentes del cartel de empresas brasileras con sentencias de más de 15 años. El crecimiento depende del tamaño de la inversión y del retorno de la inversión. Proyectos como la Interoceánica del Sur que han costado mucho más que sus beneficios generan una reducción de las oportunidades para todos los peruanos y un achicamiento del bienestar. Decenas de miles de empleos se pierden en todas las obras que se dejan de hacer por la corrupción.

El gobierno del Perú ha dado decretos que señalan que las empresas brasileras deben pedir permiso al Estado peruano para vender sus activos. Tardía y débil decisión. La norma llega muy a destiempo pues el alcalde de Lima ya autorizó la venta del 100% de la concesión de OAS y del 77% de las acciones de la concesión de Odebrecht. Y, además debe decirse que se han hecho varios cambios ilegales sólo para facilitar las ventas de los concesionarios brasileños. A Lima el alcalde actual le ha quitado obras como Río Verde en el Rímac, Intercambio Vial Canta Callao en Los Olivos, Los Viaductos entre San Juan de Lurigancho y el centro Histórico y el viaducto de la Separadora Industrial (La Molina), que ya estaban en los contratos con el único objetivo de bajar las inversiones privadas y mejorar el valor de venta para que fuguen los capitales brasileros hacia su país en donde a Odebrecht si le exigen reparaciones grandes de alrededor de US$3,000 millones.

El Perú merece un enorme plan de reparaciones por las pérdidas sociales que han ocasionado las empresas brasileras que han sobornado funcionarios. Por ello, debe decirse que están dadas todas las condiciones políticas y jurídicas para el embargo de todos los bienes, cuentas y activos de estas empresas como viene ocurriendo en todos los países afectados menos el Perú. Y como ni la fiscalía ni la procuraduría se lo ha solicitado al Poder Judicial, sólo nos quedan el pueblo organizado, la CGTP y los ciudadanos del Perú para reclamar. Esa es una de las razones por las que la marcha terminó en el Poder Judicial. Por eso, apoyo la movilización convocada por la CGTP que ha tenido la adhesión de las organizaciones políticas de izquierda y seguiré apoyando y participando en sus convocatorias.

Quiero terminar diciendo que hoy tenemos un presidente preso y 3 presidentes más están en riesgo de terminar presos. Pero al lado de estos problemas, hay peruanos que en su actividad política actuaron con total integridad personal como José Carlos Mariátegui, Jorge Basadre y Víctor Raúl Haya de la Torre. En tiempos más recientes, Fernando Belaunde, Valentín Paniagua y Javier Pérez de Cuéllar demostraron su integridad de forma plena. Otros peruanos íntegros que, además, siguiendo la estela de Mariátegui tuvieron el valor de enfrentarse a los poderosos y siempre estuvieron del lado del pueblo son: Horacio Zeballos, Jorge del Prado, Alfonso Barrantes y Javier Diez Canseco. Y creo que sobre el ejemplo y el legado de estos cuatro líderes, la CGTP edifica un segundo piso de ciudadanía en momentos difíciles para la patria. Y con esto cierro diciendo que por cada político que cayó en las redes de la corrupción hay miles de peruanos esforzados y muy trabajadores que son personas honestas y resueltas a defender los intereses de la Nación. Creo que hoy las movilizaciones que convoca la CGTP nos devuelven la fe en el destino del Perú y de los peruanos. Nos vemos el 14 de marzo en la Plaza 2 de mayo.


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