martes, 10 de febrero de 2015

LA SOCIEDAD CIVIL NECESITA A LA CIUDADANÍA. Y VICEVERSA, LA CIUDADANÍA DE LA SOCIEDAD CIVIL.

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La Nueva Sociedad Civil, Real, popular, plural autónoma, emergente y democrática, en América Latina, es hoy raíz  y cimiento de la forja de una Nueva Ciudadanía Intercultural. Es el Poder Local Popular, hoy en la calle en la plaza pública mundializada. De sus fuentes sociales y vertientes políticas nacen y se forman los Nuevos Líderes Comunitarios. Una Sociedad Civil, organizada, fuerte, dinámica, donde sus actores sociales y protagonistas populares – Nuevos Sujetos Sociales Históricos - tienen una activa participación ciudadana, porque la propia sociedad civil es garantía participativa del nivel que alcanza la Ciudadanía, y esta a su vez es fiel reflejo del carácter del Estado. Un Estado Moderno, activo, descentralizado, generador de empleo, garantía de inversión nacional y extranjera, respetuoso y vigilante de los derechos sociales y políticos del pueblo a su vez plataforma de seguridad de los Derechos Humanos – es decir una sociedad altamente desarrollada – es fuente, creación y desarrollo de una Ciudadanía activa, política, participativa y democrática. En cambio un Estado como la mayoría de los Estados latinoamericanos, fosilizado, centralizado, de tipo elefantiásico, gigante, con pies de barro, un Estado de carácter subsidiario – dependiente de las políticas neoliberales y del poder “endiosado” y único del mercado, definitivamente refleja y mantiene un tipo de ciudadanía “secundaria”, vacilante – no conoce sus derechos – oscura – temerosa, dependiente, silenciosa,- cree que los “de arriba”, son los únicos Ciudadanos.

La Democracia de Alta Intensidad – uno o dos en A.L.- sociedad compleja, multipolarizada, con sistema de partidos políticos, oposición política organizada,  respetuosa y democrática, alternancia en el gobierno con la finalidad de evitar el continuismo y la reelección. Medios de comunicación cumplen su función de comunicar, informar y en los últimos tiempos un país, un gobierno, un sistema democrático, altamente competitivo, participativo, descentralizado es sinónimo de una activa práctica de Rendición de Cuentas, como proceso múltiple que comprende la valoración política de todo el Programa de Gobierno, la actuación o trabajo político del gobierno de turno y su perspectiva de proyección futura. El accountability social, horizontal, es otra práctica política, así como la Veeduría Ciudadanía, mecanismos sociales y políticos que refuerzan y fortalecen la Ciudadanía, así como la transparencia pública, la lucha contra la corrupción y la cultura del secreto. En sistemas democráticos de Alta Intensidad, el nivel alcanzado por la Sociedad Civil es una fuerte, activa fortaleza social de la Ciudadanía Política, a su vez garantía de Líderes Comunitarios, forjadores de fuerte cohesión social y política de los sectores populares, con alta responsabilidad social y significativa Confianza social. El Ágora griega, está retornando después de 25 siglos, fortaleza social y política de una amplia, activa y dinámica Sociedad Civil, Ciudadanía Política, Liderazgo Comunitario y Democracia Directa, Participativa, Cívica, Descentralizada, respetuosa de nuestra Madre Naturaleza, camino hacia una Ciudadanía y Democracia Republicana.


La "clase política" peruana, fracasada, muchos de ellos acusados de corrupción, narcotráfico, lavado de activos, evasión tributaria, minería ilegal-criminal - son responsables de no haber resuelto los principales problemas nacionales, habiéndoles entregado un sistema democrático - renovado, activo, altamente positivo, el año 2000, después de la expulsión de la dictadura - que han hecho en los últimos 15 años, "consolidar" el modelo neoliberal, afianzado internamente en un sistema tradicional extractivo exportador de materias primas, hoy en el mercado capitalista mundial en grave crisis, con precios casi por debajo de su propio costo. A la "clase política" nacional la corrupción se la come y la devora al igual que sus aliados los banqueros, exportadores y demás integrantes de las élites empresariales.
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En cambio en sociedades de Democracias de baja intensidad, sin partidos políticos, sin alternancia política, sin oposición organizada, responsable y política, corrupción generalizada e institucionalizada – llegando a la contaminación y destrucción de las propias instituciones – donde no existe la práctica de la Rendición de Cuentas, menos el Accountability, menos la transparencia pública, la cultura del secreto, y es totalmente desconocido el papel de la Veeduría Ciudadana, como garantía de trabajo, credibilidad y confianza en los representantes. En este tipo de sociedades los medios de comunicación, están reemplazando a los partidos políticos y hoy es totalmente pernicioso para la propia y débil democracia, como ejercen una verdadera dictadura y logran imponer su propia Agenda de gobierno. En el último decenio varios países de América Latina, han sido centros y escenarios de fuerte crecimiento económico, generando internamente,  que América latina sea el continente de población más joven, el continente de mayor extensión, profundidad de la Desigualdad económico-social, ciudades más inseguras, violentas con fuertes tendencias de inseguridad ciudadana, bandas de criminales armados y hoy mundializados y sicarios (asesinos a sueldo, armados) hoy siembran terror, pánico y muerte. La fuerza y poder económico, financiero de la economía criminal es muy determinante (al igual hoy que la minería ilegal, criminal, el narcotráfico y el terrorismo). Sociedades donde la democracia está de adorno y la gobernabilidad ha sido secuestrada por los poderes facticos locales y mundiales.

Sociedades sumamente complejas, turbulentas – en escenarios de un mundo  multipolar – donde la Sociedad civil es muy conservadora, pasiva y casi inexistente por su falta de participación; en cambio los niveles de Ciudadanía son muy bajos, inoperantes, incluso logran desconocer sus derechos más generales o elementales y si caminamos más allá en vez de Líderes encontramos caudillos, negociantes anti-políticos y definitivamente estamos ante la presencia de  una Democracia fallida, de papel, novelesca, mediática, delegativa y procedimental. El Estado se encuentra en niveles de descomposición estructural, crisis indefinida de sus Instituciones, es decir, tenemos un estado fallido, y más allá al lado derecho un “narco estado”. Miremos a nivel mundial, como en forma progresiva, lenta pero segura van surgiendo los narco-estado a nivel global, alimentados, financiados, amantados por las políticas asimétricas, salvajes, injustas, desiguales, inhumanas de los países globalizadores -. Concentrados básicamente en el G-7, tiempos históricos y políticos de la globalización neoliberal, en la era de la transnacionalización de los monopolios imperialistas. De sus entrañas en crisis y destrucción hoy a nivel mundial, está naciendo, están germinando nuevas ideas, nuevos movimientos sociales, ciudadanos mundializados – en la coyuntura sistémica están trabajando políticamente con mucho éxito como procesos de “Refundación de la Política”. Grecia el país de la destrucción del Estado, de la crisis y los derechos ciudadanos al igual que España, hoy son centros políticos de proyección mundial de nuevas políticas que rompen las ataduras estructurales del neoliberalismo, el mercado único y la política única.

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La Nueva Sociedad Civil, Real,popular, plural autónoma, emergente y democrática, es hoy raíz  y cimiento de la forja de una Nueva Ciudadanía Intercultural. Es el Poder Local Popular, hoy en la calle en la plaza pública mundializada. De sus fuentes sociales y vertientes políticas nacen y se forman los Nuevos Líderes Comunitarios.


LA SOCIEDAD CIVIL NECESITA A LA CIUDADANÍA.
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El México enojado de febrero de 2015 ya no sólo requiere de la responsabilidad social de la sociedad civil organizada. La trágica oportunidad histórica que se presenta debido a la acumulación de sucesos, escándalos y discursos indignantes requiere de una estrategia que cumpla la doble función de canalizar el enojo generalizado a las instituciones y de poner al gobierno, verdaderamente, contra la pared.

Animal Político.- lunes 9 de febrero del 2015.

Gustavo Rivera.

México está enojado. En los hogares, en las calles, en el trabajo: es evidente que el enojo está alterando nuestras relaciones sociales, alteración que también se manifiesta en la relación entre sociedad y gobierno. Los principales detonadores del enojo son bien conocidos: la complicidad de la policía en la desaparición y presunto asesinato de 43 estudiantes en Iguala; el cinismo del gobierno ante revelaciones de obvios casos de conflicto de interés y presuntos casos de tráfico de influencias; el silencio cómplice de los partidos políticos ante docenas de denuncias de corrupción que circulan en la prensa; la impunidad y aplicación selectiva de la justicia en casos emblemáticos e indignantes como Oceanografía, Raúl Salinas y Caro Quintero, y un largo etcétera. El común denominador de estos detonadores es la impunidad que destruye el pacto social y nos motiva a ser egoístas.

Ante este escenario, la sociedad civil organizada tiene la responsabilidad social de articular e impulsar campañas, propuestas e iniciativas que contribuyan a superar la crisis. En lo que se refiere a esta responsabilidad, sin duda, nuestra sociedad civil ha estado a la altura. Campañas como #3de3 de IMCO y Transparencia Mexicana, propuestas como el Sistema Nacional Anticorrupción de la Red por la Rendición de Cuentas e iniciativas emanadas de la sociedad civil como la Reforma Constitucional en Materia de Transparencia son evidencia clara y reciente del alto nivel de consciencia, compromiso y sofisticación que ha alcanzado la sociedad civil mexicana.


Sin embargo, el México enojado de febrero de 2015 ya no sólo requiere de la responsabilidad social de la sociedad civil organizada. La trágica oportunidad histórica que se presenta debido a la acumulación de sucesos, escándalos y discursos indignantes requiere de una estrategia que cumpla la doble función de canalizar el enojo generalizado a las instituciones y de poner al gobierno, verdaderamente, contra la pared. La incapacidad de la sociedad civil organizada de transformar los agravios expresados por miles de estudiantes, trabajadores y padres de familia en municiones para obligar al gobierno a demoler controladamente el sistema paralelo de corrupción que carcome a nuestra democracia evidencia la fragilidad del puente entre sociedad civil y ciudadanía. Ante esta incapacidad, la tentación de renunciar a la democracia como mecanismo para elegir al gobierno y como salvaguarda del bienestar social podría descarrilar las campañas, propuestas e iniciativas trabajadas desde la sociedad civil con la intención de fortalecer la democracia en México. Al fin y al cabo, las grandes victorias de la sociedad civil organizada (por ej., la transición, la primera ley de transparencia y los avances en derechos humanos) han ocurrido cuando ha contado con el respaldo activo y consciente de la mayoría de la ciudadanía.

Por lo anterior, la sociedad civil organizada, como portavoz y expresión de los 120 millones de ciudadanos mexicanos, también tiene la responsabilidad moral de sumar a la ciudadanía en el sentido más extenso de la palabra. Para esto no bastan campañas, propuestas e iniciativas; se requiere de una estrategia que, entre otras cosas, genere empatía con los millones de mexicanos que viven al día y rara vez tienen el tiempo de atender asuntos políticos —pero que, como bien saben los partidos, sí tienen el tiempo de salir a votar un domingo cada tres años, y, como bien sabe el sector empresarial, sí tienen la necesidad de consumir bienes todos los días. Los votos de esos mexicanos son los que se traducen en miles de millones de pesos para el gobierno. Las quincenas de esos mexicanos son las que se traducen en miles de millones de pesos para el sector empresarial. La empatía de esos mexicanos es la ficha que la sociedad civil organizada necesita –y todavía no tiene— para sentarse a negociar.

Es momento de que la sociedad civil organizada reconstruya el puente con la ciudadanía. Los puntos débiles de los seres humanos son el bolsillo y el ego. Contar con la ficha que se traduce en votos, dinero y prebendas obligará al gobierno a sacudir la mesa. Contar con la ficha que significa utilidades, contratos y ventas obligará al sector empresarial a abanderar con mayor asertividad las causas de la ciudadanía. Contar con la ciudadanía permitirá a la sociedad civil organizada traducir sus campañas, propuestas e iniciativas en mayor bienestar para todos. Y ése es el punto, ¿o no?.

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Gustavo Rivera Loret de Mola, es Director Ejecutivo de Métrica Pública, A. C.

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