sábado, 24 de enero de 2015

EVO MORALES: “Aquí no mandan los gringos, mandan los indios”.- EVO, PRESIDENTE RÉCORD.

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AFIRMA UN CAMINO.

Oscar Laborde *
Cuando el 21 de enero de 2006 Evo Morales recibía el bastón de mando de los pueblos originarios como su líder político y espiritual en Tiwanaku, previo al día de asunción de la presidencia formal de Bolivia, los allí presentes sabíamos que estábamos viviendo un acontecimiento histórico: era el primer presidente indígena en un país donde hasta 1952 éstos tenían negado el voto a pesar de ser la amplia mayoría de la población. Después de 500 años habían elegido a uno de ellos como presidente. Pero también porque afirmaba un camino comenzado por Chávez en 1998, continuado por Lula da Silva y Néstor Kirchner y afirmado pocos meses antes en Mar del Plata cuando se le dijo No al ALCA, donde Evo había participado como dirigente.
Por supuesto que la derecha local y continental aseguraba que ese experimento duraría un soplo, y rápidamente todo volvería a la “normalidad”. Sin embargo, Morales fue reelecto por segunda vez con un respaldo del 62 por ciento (en un país donde eran electos con un 25 o 30 por ciento), convirtiéndose en el presidente boliviano con más tiempo en el poder. Morales lidera una nación con un crecimiento envidiable en estos tiempos, y lo hace porque ha decidido poner al Estado al servicio de su país y de su pueblo. La nacionalización de los hidrocarburos permitió que lo recaudado por sus ventas anualmente subiera de 2000 a 10.000 millones de dólares y que las regalías que ingresan al Estado pasen de 300 a 6000 millones de dólares.
Eso permitió triplicar el gasto público, aumentar el salario real un 64 por ciento, cubrir con bonos de asistencia al 33 por ciento de la población y reducir la pobreza urbana de 24 al 14 por ciento, y la rural, del 63 al 43 por ciento. En 2009 se aprobó una Constitución que transformaría a Bolivia. No solo se declaraba el Estado Plurinacional (con todo lo que eso conlleva) sino que además otorgaba cuotas a parlamentarios indígenas, creaba el sistema judicial indígena poniéndolo al nivel de la Justicia ordinaria. Además establece un modelo social y comunitario constituido por organizaciones estatales, privadas y comunitarias cooperativas. Y determina que los recursos naturales pasan por derecho constitucional a manos del Estado.
A pesar de todas estas extraordinarias conquistas, lo más llamativo es el grado de consenso que han conseguido en la amplia mayoría de la sociedad los planteos que vienen haciendo Evo, su gobierno, su partido, el MAS, y los movimientos sociales. La consolidación de una hegemonía virtuosa, la cristalización de un tipo de integración lógica y moral de la sociedad. Esto se ha extendido evidentemente en los últimos años y ha sumado al sector social que acompañó a Evo desde el comienzo a toda la dirigencia sindical, a capas medias, a amplios sectores del empresariado. Y también esta influencia se extendió territorialmente a regiones donde hace algunos años planteaban la secesión de Bolivia, como Santa Cruz y Pando, y hoy gana claramente el MAS.

* Director del Instituto de Estudios de América Latina - CTA.
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Presidentes y varios Vice-presidentes de América latina, acompañan a Evo Morales en la Juramentación de su Tercer Gobierno democrático, producto de las elecciones de Octubre del 2014. Una vez más reafirma políticamente "el socialismo comunitario andino". "Esto no es copia, ni calco, es creación heroica de cada pueblo".
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EVO MORALES:  “Aquí no mandan los gringos, mandan los indios”

Asumió su Tercer Mandato, consecutivo en Bolivia, tras su contundente triunfo en Octubre pasado.
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El líder aymara prometió reducir la extrema pobreza a un dígito, y recordó que en 2005 era del 37 por ciento y ahora es del 18,8 por ciento. Se presiente un restablecimiento de relaciones entre el gobierno de Morales y el de Obama.

Sebastián Ochoa

Página/12 En Bolivia
Desde La Paz viernes 23 de enero del 2015.
El presidente Evo Morales empezó su tercer mandato consecutivo con dos días de fiesta, que incluyeron una ceremonia indígena y otra urbana con la participación de invitados de gobiernos y organizaciones sociales de 40 países. Luego de su triunfo en las elecciones presidenciales de octubre pasado, con el 61,3 por ciento, el líder aymara tiene todo listo para gobernar Bolivia al menos hasta 2020. Dijo que seguirá impulsando la construcción de obras públicas en todo el país, amparado por los ingentes recursos que dejan las empresas explotadoras de hidrocarburos y minerales desde su asunción, en 2006. Aunque posiblemente afecte la caída en los precios del petróleo, que Morales atribuye a un complot entre Estados Unidos y Arabia Saudita para desestabilizar a los gobiernos de Rusia y Venezuela. Como final feliz, se presiente un restablecimiento de relaciones entre el gobierno de Morales y el de Barack Obama, quien envió a una comisión de “alto nivel” a los festejos transcurridos en esta ciudad.
Anteayer, Morales realizó en Tiwanaku una ceremonia de posesión presidencial acorde con los usos y costumbres de los pueblos indígenas andinos. En el templo de Kalasasaya, ante la Puerta del Sol, el presidente recibió dos bastones de mando de manos de amawtas, guías espirituales de la cultura inca. Lucía un chu’ku, que es una gorra en cuya frente llevaba una pieza de oro con el rostro de Wiracocha. Cubrió su cuerpo con un unku, una prenda hecha de lana de vicuña, en cuyo pecho repetía la cara de la deidad, también en oro. “Aquí no mandan los gringos, mandan los indios. Ese es el orgullo que tenemos”, dijo desde allí Morales. Abajo, entre la multitud, la comisión enviada por Obama aplaudía, aprendía a decir “jallalla” y tomaba té de coca para contrarrestar los sufrimientos que causa el sorojchi.
“Estamos haciendo gestiones para tener un encuentro de alto nivel y, además de esto, tenemos muchos deseos de reponer a nuestros embajadores. Lo único que pedimos es que haya mucho respeto”, dijo Morales el lunes pasado, en conferencia de prensa. Aprovechó para mandar un saludo a la “voluntad política” de Obama por enviar representantes.
Entre ellos estaba el subsecretario de Estado para la Democracia, Derechos Humanos y Trabajo de EE.UU., Tom Malinowski. “Le expresé al canciller (David Choquehuanca) el gran respeto y admiración que nosotros tenemos en Estados Unidos por el gran progreso y la inclusión social que se registra en Bolivia”, dijo.
Desde 2008, Bolivia no tiene embajador en Estados Unidos y viceversa. En septiembre de ese año, Evo Morales había acusado a la embajada del país del Norte de tramar un golpe de Estado en su contra, por lo cual expulsó a su representante, Philip Goldberg, y a la DEA, la agencia antidrogas estadounidense. Como respuesta, Obama hizo lo mismo con su acreditado en Washington, Gustavo Guzmán. Para dar otro golpe de frío a sus relaciones, en 2013 Bolivia expulsó de su territorio a la Usaid, la agencia de cooperación para el de-sarrollo del país del Norte.
Ahora, la Cancillería boliviana trabaja para lograr una reunión entre ambos presidentes. Pese al intercambio de sonrisas, Morales acusó a EE.UU. de estar detrás de la caída del precio del petróleo, cuyo barril se cotiza actualmente a 48 dólares, cuando en 2008 costaba 147 dólares.
“La alianza entre Estados Unidos y Arabia Saudita hace rebajar el petróleo para fines netamente geopolíticos”, dijo el presidente en alusión al perjuicio que la brusca caída causa a las economías manejadas por Vladimir Putin y Nicolás Maduro.
El venezolano fue uno de los siete presidentes que estuvieron en los actos oficiales. También estuvieron la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff; de Ecuador, Rafael Correa; de Paraguay, Horacio Cartes; de Costa Rica, Luis Guillermo Solís; y de Trinidad y Tobago, Anthoni Carmona. Como representante de la Argentina fue el vicepresidente, Amado Boudou. También había delegaciones de Colombia, Perú y China, entre otras naciones que entregaron a Morales unos 50 regalos. Un grupo de la Argentina le dejó un cuadro con la figura del ex presidente Néstor Kirchner, y otro con una imagen de la escuela de Salta donde estudió el mandatario boliviano de 55 años.
Ayer, en el acto realizado en la Asamblea Legislativa Plurinacional, el presidente se puso un traje como el que suelen usar los presidentes, aunque con algunos motivos andinos. Allí, una vez más reiteró sus intenciones de recuperar el mar para Bolivia.
“Hemos encaminado nuestra demanda hacia la Corte Internacional de Justicia con solidez y consistencia. Nuestra demanda está bien encaminada. Por historia, por justicia y por derecho, un día vamos a volver al océano Pacífico con soberanía”, dijo Morales. La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, envió en su representación al presidente de la Corte Suprema de ese país, Sergio Muñoz.
Morales dio un informe de gestión que duró solamente 55 minutos. Mucho menos que el de 2012, por ejemplo, cuando lo hizo en 4 horas y 45 minutos. Dijo que era por “respeto” a los invitados de otros países.
Indicó que, entre 2005 y 2014, la inversión estatal subió en un 795 por ciento, mayormente destinada a la construcción de caminos, escuelas, hospitales y hasta canchas de césped sintético. También están las tres líneas de teleférico que inauguró el año pasado en la ciudad de La Paz para mejorar ostensiblemente el transporte público.
Agregó que continuará con la construcción de cuatro hospitales de cuarto nivel, que todavía no hay en Bolivia. Y se asfaltarán carreteras para conectar regiones de la Amazonía, aunque –dijo– ninguna pasará por medio del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), ante el rechazo de las comunidades locales.
“Hacia 2020 vamos a reducir la extrema pobreza al dígito uno, al 8 o 9 por ciento. Vamos a cumplir y ya hemos aprendido en estos nueve años. No es mucho problema”, aseguró. Y recordó que, en 2005, la extrema pobreza era del 37,2 por ciento, mientras que ahora es del 18,8 por ciento.

También realizará un referéndum para reestructurar al Órgano Judicial, por lo cual no se descuenta que la Constitución sea modificada antes de fin de año. Para ello ya cuenta con dos tercios del total de parlamentarios.


Álvaro García Linera, el vicepresidente, en la ceremonia de investidura de Evo Morales celebrada en el Parlamento boliviano.
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EVO, PRESIDENTE RÉCORD.
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Alfredo Serrano Mancilla *
Parece haber transcurrido más de un siglo desde aquellos momentos en los que el presidente boliviano Evo Morales estaba sometido a eso que el mismo vicepresidente Alvaro García Linera llamara el “empate catastrófico”. Se habían ganado las elecciones de finales del 2005 por mayoría absoluta y las elecciones a la Asamblea Constituyente del 2006, pero esto, de ninguna manera iba a significar que la disputa política se hubiese decantado definitivamente a favor de la Revolución Democrática y Cultural propuesta por el MAS. Eran meses en los que los constituyentes masistas tuvieron que salir literalmente huyendo después de ser perseguidos en Sucre o en los que el propio presidente no podía ni aterrizar en aeropuertos del propio territorio nacional. Eran años difíciles en los que la otra mitad del país, esa llamada media luna, desconocía a un presidente que había llegado para iniciar un proceso acelerado de cambio a favor de la mayoría social boliviana. Fueron momentos complicados propios de la política, con su esencia confrontativa, en esa etapa inicial en la que Bolivia venía mal acostumbrada, de una larga época donde el consenso venía a ser realmente un disenso, en los que una minoría imponía cualquier “acuerdo” en contra de la mayoría.
Con buena letra y a fuego lento, Evo Morales fue logrando que una propuesta contrahegemónica fuese transitando hacia una sólida hegemonía posneoliberal en múltiples dimensiones. En lo económico, se cuestiona el modelo venido de afuera al mismo tiempo que se viene construyendo otra organización económica en base a la recuperación de los sectores estratégicos; se fueron sustituyendo paulatinamente a los Chicago Boys por los Chuquiago Boys (economistas formados en las universidades bolivianas). En estos años, la democratización económica y la mejora microeconómica han venido acompañadas de una incuestionable bonanza macroeconómica. En lo social, Morales trajo consigo una política de redistribución que abandona la vieja e ineficaz teoría del goteo; fue enterrando el viejo Estado aparente (un Estado de Bienestar en miniatura) a cambio de un nuevo Estado integral del Vivir Bien que ha centrado toda su atención en erradicar la deuda social heredada a la mayor velocidad posible. Cuando las urgencias coyunturales son tan destructivas para la vida cotidiana del pueblo boliviano (hambre, desnutrición), éstas no pueden ni deben tener demasiada paciencia para ser resueltas. En este sentido, el presidente aymara planteó desde el primer momento una economía humanista del ahora, economía del ya, en la que los derechos sociales constituyen la centralidad innegociable de la nueva política económica del Estado. Y en relación con lo internacional, el nuevo proceso de cambio ha considerado desde siempre que sólo es posible una transformación adecuada hacia adentro si ésta viene acompañada por una reinserción afuera a partir de criterios reales de soberanía, con una clara apuesta por una emancipada integración latinoamericana y buscando resituarse virtuosamente en la actual transición geoeconómica que permita definitivamente revertir los patrones de intercambio desigual del pasado.
Es así como Morales afronta el reto de asumir un nuevo mandato presidencial tanto simbólicamente en Tiwanaku como institucionalmente. Este período no puede ser concebido como un período cualquiera; Evo Morales será el presidente que habrá estado más tiempo ininterrumpido como presidente a partir de finales de año llegando a superar a Andrés de Santa Cruz (entre 1829 y 1839). No es un dato menor en un país que presumía de tener el record en el número promedio de presidentes por año en las últimas décadas. Es realmente una muestra inequívoca del nuevo sentido común en Bolivia, propio de un cambio de época en el que se avanza de forma irreversible. No hay marcha atrás; el neoliberalismo está muerto en Bolivia. Y desde ese logro, en adelante, Morales encara estos próximos años con renovados desafíos en lo productivo y en lo tecnológico, con la necesidad de ir sorteando el amenazante rentismo importador del siglo XXI que constituye una nueva forma de neodependentismo del capitalismo mundial. Seguramente también será necesario anticiparse a las nuevas preguntas que vendrán de un sujeto social mayoritario cambiante que ya no es aquel de las décadas perdidas; esta década ganada en curso afortunadamente comienza a enterrar viejas demandas para reabrir nuevos horizontes. Y será Evo Morales, con amplio respaldo popular, quien tenga que pilotear este camino con el objetivo de que el “vamos bien” de la última campaña electoral pueda volver a repetirse en la próxima contienda.
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* Director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag). Doctor en Economía.
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