sábado, 25 de marzo de 2017

LA ELIMINACIÓN DE LA EXTREMA POBREZA EN EL MUNDO.

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No comparto el excesivo optimismo de los dos Autores, sobre eliminación de la EXTREMA POBREZA, así en términos muy simples, si ingresamos con la herramienta del análisis científico social, de la investigación desde el amplio y productivo campo del pensamiento crítico, de lo que hoy significa la Mundialización de la DESIGUALDAD ECONÓMICO-SOCIAL, LABORAL, POLÍTICA, CULTURAL, AMBIENTAL, etc. Es decir, la desigualdad mirada, como un proceso hoy indetenible, producto del propio capitalismo salvaje y sus políticas neoliberales – que se fundamentan en la explotación de la naturaleza, la expoliación de la fuerza de trabajo y el fundamentalismo consumista. DESIGUALDAD MULTIDIMENSIONAL, que hoy se basa y se sustenta precisamente, en la existencia de la propia Pobreza Extrema, y la Ciudad Global, hoy depositaria de la extrema pobreza, la mundialización del desempleo, así como en los países en desarrollo la informalidad, los pésimos niveles de Educación, malos servicios en el sistema de Salud, salarios de sobrevivencia,  alarmantes niveles de Bienestar Social, histórica marginación en los servicios de servicios públicos, a sectores mayoritarios de la población, Corrupción elitizada e institucionalizada dese los sectores político-empresariales, violencia e inseguridad Ciudadana; economía criminal diversificada, minería ilegal, contrabando, narco-terrorismo, etc. que ha generado a nivel mundial una super concentración de la riqueza, cuando el 1% de la población mundial, tiene más riqueza que el 99% de la población – es decir, que 62 personas, tiene más riqueza que el 50% de la población mundial. Hoy el neoliberalismo, “puede cantar victoria” que eliminó la extrema pobreza – cuando todos conocemos, que quien tiene el poder puede hacer y deshacer  con las estadísticas, y con plena seguridad dirán y gritarán ante el mundo de que ya no hay pobres, pero la realidad les dará con un ladrillo en la cabeza para que alguna vez en su vida, “reflexionen” y por lo menos digan “algo de verdad”. Mientras el barullo y el tumulto se apoderan de la “Academia”, la Desigualdad seguirá rompiendo mitos y cada vez será más fría, violenta, radical, salvaje e inhumana. Y las Estadísticas irán rompiendo esquemas, teorías, métodos, procesos, pero el sistema mundo seguirá su camino indetenible hacia su propia destrucción y descomposición estructural.


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LA ELIMINACIÓN DE LA EXTREMA POBREZA EN EL MUNDO.
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Manuel de la Rocha y Mario Negre.

Economistas frente a la crisis.

Rebelión viernes 24 de marzo del 2017.

Para millones de ciudadanos europeos y de otros países occidentales vivimos tiempos de gran pesimismo y turbulencias, dominados por el malestar social, la incertidumbre por el futuro y el auge de los populismos. En este panorama tan incierto y poco estimulante que domina los medios de comunicación, a menudo se olvidan acontecimientos importantes y positivos que ocurren más allá de nuestras fronteras. Hay uno en particular que merece la pena destacar, lo que el periodista del NYT Nicholas Kristof calificó en 2016 como ¨La mejor noticia desconocida¨: en los últimos 30 años el porcentaje de personas en el mundo que viven en pobreza extrema se ha reducido en más de la mitad. No solo eso, el planeta tiene hoy al alcance y por primera vez en su historia, la eliminación de la pobreza extrema, definida como un nivel de ingresos inferior a 1,9 dólares diarios. El objetivo es erradicarla en 2030, la meta fijada por Naciones Unidas como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que sustituyeron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y han sido suscritos por prácticamente todos gobiernos del mundo.

¿Es factible lograr el objetivo en la fecha señalada?, ¿de qué depende?. El último Informe sobre Pobreza y Prosperidad Compartida, publicado en octubre de 2016 por el Banco Mundial, muestra que el número de personas en el mundo viviendo en extrema pobreza ha disminuido en 1.100 millones en las últimas dos décadas y media, período en el que la población mundial creció casi 2.000 millones (ver gráfico). Esta disminución se ha producido en todas las regiones en desarrollo con excepción de África subsahariana, donde a pesar de la reducción del porcentaje de pobres extremos, el número absoluto ha subido debido al fuerte crecimiento poblacional y se ha estancado en el último lustro. A nivel global, los números dejan poco espacio para la duda: la pobreza extrema ha descendido dramáticamente y de forma efectiva de los 1.900 millones de 1990 a menos de 800 en 2013, una reducción de casi 50 millones de pobres menos por año, equivalente a la población de Colombia o Corea del Sur.

Además, la reducción de la pobreza se mantuvo incluso en medio de enormes crisis internacionales, entre ellas la llamada Gran Recesión que comenzó en 2007. La única excepción fue la crisis asiática de finales de los 90, que provocó un aumento de la pobreza por un corto periodo de tiempo, tanto en términos relativos como en números absolutos.



A la vista de lo anterior, las perspectivas parecen muy positivas y sin embargo, conviene ser cautelosos respecto al futuro. En efecto, si se mantuviera la pauta actual la pobreza extrema se eliminaría en el mundo antes del objetivo fijado de 2030. Pero se trata de un ritmo que es difícilmente sostenible, pues está muy condicionado por las tasas de crecimiento extraordinarias experimentadas por China y otras grandes economías emergentes, que en unos años prácticamente habrán eliminado su pobreza extrema. De hecho, es muy posible que ya no queden pobres extremos en China gracias al trepidante progreso de las últimas décadas, mientras que en el caso de Indonesia las últimas cifras resultan en unos 25 millones de pobres, por lo que las reducciones futuras tendrán que venir de otros países. Por otro lado, la India, todavía alberga unos 215 millones de pobres extremos y su capacidad para reducir esa cifra será fundamental para llegar al 2030.

En este contexto, el gran desafío para lograr el objetivo en 2030 radica en los países más frágiles y en la reducción de la desigualdad. Los primeros se caracterizan por conflictos bélicos recurrentes, mala gobernabilidad, economías poco diversificadas, corrupción sistémica y gran vulnerabiblidad al cambio climático. Son los países que Paul Collier llamó el ¨Bottom Billion¨, los que albergan a los mil millones más pobres. Las estimaciones del Banco Mundial muestran que no es realista pensar que el crecimiento económico por sí mismo podrá acabar con la pobreza extrema. Y es que la economía internacional continúa mostrando síntomas de raquitismo económico y los países más pobres se enfrentan a circunstancias muy difíciles, incluso después de demostrar una considerable resiliencia durante la crisis global de 2008-09. Desde 2014, con el fin del ciclo de los altos precios de las materias primas, el crecimiento económico se ha ralentizado en todas las regiones en desarrollo y hay pocos motivos para esperar que esto cambie a corto plazo. Por tanto, la clave para lograr el objetivo de eliminar la pobreza en 2030 reside en una mejor distribución de los beneficios del crecimiento en los países donde esta subsista, es decir, en la puesta en marcha de políticas efectivas de desarrollo inclusivo.





De hecho, los últimos cálculos indican que solo se puede llegar al objectivo de eliminación de la pobreza extrema mundial en 2030 a condición de que la desigualdad disminuya de forma importante en aquellos países que albergan un gran número de pobres. Contrariamente a lo que muchos piensan, las dos últimas décadas han sido testigo de importantes reducciones de la desigualdad en países no industrializados. Mientras en los países industrializados la desigualdad ha tendido a subir, en los países en vías de desarrollo las médidas estándares de desigualdad muestran en general cambios progresivos de la distribución de ingreso (aunque esto puede ser compatible con una creciente polarización del ingreso en favor de las élites económicas). Los últimos datos alrededor del periodo 2008-13 señalan que en el 60% de los países para los que hay datos, y que repesentan más del 80% de la población mundial, el ingreso del 40% más pobre de la población creció por encima de la media.

La buena noticia es que hoy sabemos con bastante certeza lo que funciona y lo que no en este campo. Los avances en el conocimiento y la evidencia empírica sobre cómo reducir la pobreza extrema en el mundo han sido enormes. Así, más allá del tan discutido papel que la globalización ha jugado en esta evolución, positiva en promedio pero con importantes impactos negativos en ciertos grupos que resultan perdedores netos, la disminución de la pobreza global se ha apoyado en buena medida en el desarrollo y elaboración, desde principios de los 90, de encuestas de hogares. Éstas han permitido un estrecho monitoreo y la aplicación de políticas bien enfocadas y dirigidas, al proveer información muy valiosa de la situación de bienestar material de las personas más allá de indicadores nacionales como el crecimiento del PIB.

Las causas de la reducción de la pobreza no son exactamente las mismas en cada región, pero sí que existe un amplio consenso en torno a tres políticas básicas que deben sustentar cualquier estrategia para lograr un crecimiento económico inclusivo:
  • Inversión masiva en capital humano y en infraestructura de los países, con especial énfasis en los grupos más desfavorecidos, para que tanto las personas, como las economías sean más competitivas y diversificadas;
  • Puesta en marcha de políticas efectivas de protección social de las poblaciones vulnerables, que impidan reversiones de los avances logrados. Se trata de establecer redes de protección y aseguramiento frente a todo tipo de riesgos, como la enfermedad, el desempleo, desastres naturales, o sequías. En Europa, este tipo de políticas está asociado a los Estados del Bienestar, mientras en otros países se han seguido estrategias mixtas con mayor participación del sector privado.
  • Mayor progresividad de la tributación para ampliar el impacto redistributivo y financiar las dos políticas anteriores.
Es decir, diferentes países han avanzado en la prosperidad inclusiva por caminos diversos, con diferentes grados de liberalización económica, apertura comercial o presencia del Estado en la economía. Pero en todos los casos considerados exitosos de reducción sustancial de la pobreza, las tres políticas mencionadas arriba han jugado un papel central, y que se ha venido a llamar como “crecer, invertir y proteger”.

Por último, merece la pena destacar que lograr la eliminación de la pobreza extrema no es ni de lejos tan caro como algunos pensarán. El coste real es probablemente imposible de estimar con precisión, pero un simple cálculo de los ingresos totales necesarios para cerrar la brecha de la pobreza extrema hasta proveer el umbral mínimo de 1,90 diarios para todo el mundo, resulta en una cifra sorprende mente baja: el 0,15% del PIB mundial o unos 150 mil millones de dólares al año. Se trata de una estimación bruta, que no tiene en cuenta los costes administrativos, ni las necesarias voluntades políticas, ni el desafío de mantener a millones de personas fuera de la pobreza en el futuro. Pero es una cifra que desmiente el gran mito de que terminar con la pobreza es una quimera imposible e inasumible de financiar por su altísimo coste.

Es más, esa cantidad representa aproximadamente la mitad de los ingresos tributarios que se estima que se evaden cada año en paraísos fiscales, o menos de la mitad del dinero perdido anualmente en juegos de azar en sólo diez países de todo el mundo.

En definitiva, acabar con la pobreza extrema es tan solo uno de los 17 ODS establecidos para avanzar hacia un desarrollo global sostenible y ni siquiera implica erradicar la pobreza, pero sin duda se trataría de un importantísimo hito para la humanidad, que está a nuestro alcance. Quedan tan solo 13 años para esa fecha. Sabemos cuáles son los desafíos que tenemos por delante y dónde, así como las políticas que se necesitan para lograrlo. Ojalá que la comunidad internacional esté a la altura del reto y nuestro país juegue el papel que le corresponde por su peso.

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Manuel de la Rocha es economista de la Fundación Alternativas, miembro de Economistas Frente a la Crisis y Director del Grupo de Estudios sobre los Desafíos de la Globalización de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).
Mario Negre es Economista Senior del Instituto Alemán de Desarrollo y Consultor del Grupo de Investigación del Banco Mundial. Codirector del Informe del Banco Mundial ¨Poverty and Shared Prosperity 2016: Taking on Inequality

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viernes, 24 de marzo de 2017

ECUADOR: ENTRE LOGROS, DECEPCIÓN Y FRACTURA DEL MOVIMIENTO SOCIAL.

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CUANDO LA IZQUIERDA VOTA POR UN BANQUERO. ECUADOR. SE PERDIÓ TOTALMENTE LA “UBICACIÓN POLÍTICA HISTÓRICA”. TRAICIÓN.- O bien esta segunda vuelta está desenmascarando a la izquierda, o la izquierda desorientada se creyó el cuento aquel del neoliberalismo democratizador. La semana anterior el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE), y creo que en este punto es importante expandir el acrónimo y enfatizar su calidad de Comunista, Marxistas y Leninista, anunció su apoyo a la candidatura de Guillermo Lasso, el banquero, el neoliberal, la personificación de un modelo capitalista de acumulación y segregación. A la voz de “Fuera, Correa, Fuera”, el PCMLE argumentó que tomará la “posición del lado del pueblo, de enfrentar y derrotar al principal enemigo de la Patria y la Democracia”, dándole el voto a Lasso.

Las bases sociales, los sindicatos, los movimientos sociales tienen una larga lista de agravios que el gobierno de Rafael Correa ha cometido en contra de ellos. Como ya lo he mencionado antes, los límites del modelo político y económico desarrollista y poco plural de la Revolución Ciudadana han alienado a quienes deberían ser los aliados naturales de un proceso que se dice de izquierda. Es decir, no solo que es comprensible su rechazo a la candidatura de Moreno, sino que este debió ser un tiempo de reconstrucción y autocrítica para conjugarse como una verdadera fuerza política en el futuro, precisamente para combatir y limitar los avances neoliberales de los próximos cuatro años.

Sin embargo, la posición adoptada por el PCMLE contradice lo que debería ser un principio de base de un movimiento de izquierda, más aún uno que se autoproclama Marxista y Leninista. Porque el apoyo a Lasso no presupone la democratización del régimen, si el razonamiento detrás de su apoyo fuera ese. La represión a los movimientos sociales en el Ecuador tiene larga data, y los diez años de Revolución Ciudadana no han cambiado esas dinámicas. Pero votar por la derecha, en especial por esa derecha conservadora y, ahora más claro que nunca, intolerante y violenta, es, no solo es únicamente cambiar el color de la bota, sino también perder cualquier tipo de legitimidad ideológica y política como izquierda. Es desperdiciar la oportunidad de reforzar y reposicionar los movimientos, apropiarse de espacios políticos perdidos, retomar discursos. Peor aún, es permitir que un gobierno como el de Lasso termine absorbiendo lo que queda de la izquierda organizada.

Y no son los únicos que han adoptado esta posición. Paco Moncayo se decantó tempraneramente por Lasso. Lo siguieron algunos dirigentes del movimiento indígena y luego se sumaron otras voces de la Izquierda Democrática.  Sucumbieron, al final, a esa posición de Torquemada que asumieron los voceros de Lasso, donde todo aquel que no está con Lasso está atentando contra la democracia. Se está volviendo costumbre que los mejores aliados del capital sean los partidos de izquierda. ¿Podrán regresar de esto? Difícil. Será su estigma histórico. Perdida estará su legitimidad como representantes de los “intereses del pueblo”, como combatientes de un sistema burgués que reparte el poder de acuerdo a la capacidad de acumulación. Es más, reivindicarán al poder del capital: habrán votado por un banquero. (Y no cualquier banquero, un banquero con una historia nefasta).

La concentración del poder previo al 2007 fue una de las causas que desencadenó en la elección de Correa. La reacción a la pugna de poder históricamente controlado por la burguesía creó un cambio en las relaciones de poder. La visualización de estas contradicciones no significó la resolución de las contradicciones. Si bien no hubo una verdadera democratización de la distribución del poder, las preferencias de las élites fueron reveladas, cuestionadas, creando nuevos discursos y divisiones. La Revolución Ciudadana nunca buscó la transformación de estas asimetrías, pero sí creó el momento histórico para cuestionarlas. La izquierda lo está votando a la basura. Sebastián Vallejo.
- El Telégrafo

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ECUADOR: ENTRE LOGROS, DECEPCIÓN Y FRACTURA DEL MOVIMIENTO SOCIAL.
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Sergio Ferrari.

Rebelión. Viernes 24 de marzo del 2017.

Entrevista con el Sociólogo Francois Houtart.

Segunda vuelta electoral en Ecuador.


En un continente latinoamericano mutante, la segunda vuelta electoral del domingo 2 de abril en Ecuador marcará rumbos. Aunque el tema internacional está prácticamente ausente en la campaña, los resultados marcarán tendencias y reforzarán alianzas continentales.

Si gana Lenin Moreno del oficialista partido Alianza PAIS saldría reforzado el proyecto integrador regional. Si fuera ungido presidente el banquero Guillermo Lasso, candidato de la opositora alianza CREO - SUMA, el país sudamericano pasaría a reforzar el polo continental pro-neoliberal, alineado detrás de Michel Temer en Brasil y Mauricio Macri en Argentina.

En la primera vuelta del pasado 19 de febrero, aunque Moreno obtuvo 1 millón de votos más que Lasso, por escasas décimas no logró el 40% que le hubiera abierto la puerta imperial para continuar la línea impulsada en los últimos diez años por Rafael Correa en la presidencia. 

Logros cuantificables. 

Los resultados del próximo domingo podrán ser entendidos como un plebiscito -positivo o negativo- sobre los progresos promovidos por Rafael Correa y su proyecto de “Revolución Ciudadana”. En particular en lo social, y en el desarrollo de obras públicas -carreteras, puentes, aeropuertos etc. En un país de cerca de 16 millones de habitantes, logró reducir en un 6% la pobreza y sacar de la miseria extrema a casi 2 millones de sus compatriotas. Se dieron avances significativos en la atención médica pública y se contabilizaron 1 millón 200 mil nuevos estudiantes. 

En síntesis, “logros reales pero limitados en cuanto a su contenido. No tuvieron suficientemente en cuenta muchos aspectos, como el ritmo de las transformaciones culturales, la erosión de la soberanía alimentaria y los costos ambientales”, señala el religioso y sociólogo belga François Houtart, quien desde hace seis años reside en Quito y trabaja como profesor universitario y asesor de movimientos sociales. 

A pesar de su relación de amistad con el presidente Correa, Houtart no mide sus críticas al actual modelo. “Son cifras que indican avances cuantitativos en la perspectiva de modernizar la sociedad, pero sin transformarla de fondo”, señala Houtart en entrevista telefónica.

Se dio, por ejemplo, una ausencia total de políticas agrarias: “no hubo ni reforma agraria ni políticas campesinas” enfatiza el fundador del Centro Tricontinental (CETRI) en Lovaina y de su prestigiosa publicación Alternatives Sud. Y hace referencia a un estudio del 2013 que indicaba un 44% de pobreza en las zonas rurales y un 19.5 % de pobreza extrema. El actual Gobierno impulsó, por el contrario, una agricultura moderna de monocultivos de exportación que destruye los bosques y expulsa a los campesinos de sus tierras. En síntesis, “no hubo durante estos años un proyecto de transformación fundamental de la sociedad sino una modernización del capitalismo”. Si al principio se podía pensar que se trataba de un socialismo del siglo XXI, se introdujo paulatinamente una “restauración conservadora” dentro del proyecto mismo. La crisis provocada por la caída de los precios de las materias primas aceleró la regresión, privilegiando los intereses del mercado.

Desilusión y “alineación política”.

Una parte de los movimientos sociales -entre ellos organizaciones indígenas- y de fuerzas de izquierda que originariamente apoyaron al proceso, “se sienten profundamente decepcionados”. 

Cuando el Gobierno vio que esos movimientos le daban la espalda decidió crear nuevas organizaciones sociales que respondían a su proyecto. "Se dio así una fractura político-social muy profunda que sigue marcando la realidad social del país y que tiene una influencia en el comportamiento electoral de unos y otros", explica Houtart.

Algunos de esos sectores “prefieren ahora darle su voto a Lasso y no a Moreno. Optan por apoyar a un representante del gran capital financiero, argumentando que en todo caso la situación no cambiaría demasiado”. Al mismo tiempo, reflexiona, Lasso promovió un discurso astuto. Prometió la amnistía para algunos dirigentes sociales presos; el abandono de juicios abiertos contra líderes indígenas. Se comprometió a no autorizar la actividad minera sin consulta previa con los pueblos originarios, principio ya inscrito en la Constitución, pero no siempre respetado.

Se da una “verdadera alienación política de esos sectores sociales e indígenas que van a votar contra sus propios intereses más por argumentos afectivos que razonables”, enfatiza Houtart. Algunos piensan que va a ser más fácil luchar contra la verdadera derecha, que, contra la derecha maquillada como izquierda, enumera. Subjetivamente, son sectores que han sufrido y viven una gran decepción hacia el modelo de Correa, lo que define una situación muy compleja, por momentos inexplicable y de muy difícil recuperación o reconstrucción, sintetiza Houtart con cierto escepticismo sobre el futuro.

Y se distancia parcialmente de algunos de esos argumentos: “no estoy de acuerdo que Correa esté estableciendo el neo-liberalismo”. Su proyecto es, como sucede en otros países de la región, post-neoliberal, aunque no post-capitalista. Un capitalismo moderno que integra también como importante la lucha contra la pobreza. Pero que, incluso, aumenta los niveles de deuda externa a niveles semejantes al 2007 fecha cuando llegó al Gobierno.

Crisis conceptuales.

Con el paso del tiempo Correa priorizó su rol de líder carismático. Trató de instrumentalizar los movimientos sociales -o creó otros paralelos-, impulsó una comunicación intensiva desde arriba e incluso criminalizó una parte de la protesta social.

Todo esto al tiempo que mantenía su discurso progresista original, lo que complica, muchas veces la comprensión de lo que se debate en torno al segundo turno electoral. Se presenta, argumenta Houtart, como una lucha entre la izquierda y la derecha tradicional. Cuando en realidad se trata de un combate entre la derecha oligárquica tradicional, apoyada por el imperio, -expresada en el candidato Guillermo Lasso, que busca desesperadamente recuperar el poder político- y una derecha moderna en alianza con actores de izquierda en su mayoría provenientes de los movimientos sociales de los años 70.

En paralelo, los movimientos sociales tradicionales, confrontan una crisis profunda como en otras regiones del mundo. Perdieron la visión estratégica de una transformación profunda de la sociedad y entraron de lleno en el juego político electoral a corto plazo, concluye.

Sergio Ferrari, en colaboración con el periódico suizo Le Courrier y E-CHANGER, organización de cooperación solidaria.

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