sábado, 22 de abril de 2017

LA CRÍTICA DIFERENCIA ENTRE UN ESTADISTA Y UN HOMBRE DE NEGOCIOS.

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La sola idea que Trump supo vender muy bien a sus votantes, de devolver los puestos de trabajo de la industria a los estadounidenses presionando e intimidando a las empresas estadunidenses puede ser un gol de penal, pero a largo plazo significa varios goles en contra. Otra vez, según la lógica del capitalismo, no es posible producir los mismos autos y las mismas sillas con obreros que en China ganan unos pocos miles de dólares al año con unos obreros que en Estados Unidos ganan cuarenta o sesenta mil dólares. La causa y consecuencia la hemos venido repitiendo desde hace años: la solución que encontrarán las empresas ante ese desbalance entre costos y precios finales es una aún más rápida automatización: en la industria automovilística es una tendencia que tiene décadas, pero hay otros sectores donde los robots seguirán expandiéndose y las malditas universidades seguirán aportando cada vez más valor agregado en detrimento de los tradicionales puestos de trabajo: en la agricultura, en los servicios e, incluso, en el trasporte. Hoy en día, en muchos de los viejos Estados industriales del norte centro de Estados Unidos (inesperados votantes de Trump) la profesión de conductores de camiones es una de la principales debido a la expansión de la economía. Sin embargo, la realidad de los autos, autobuses y camiones que no requerirán conductores irá en aumento.

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Hoy que la crisis mundial golpea con el peligro de la guerra global, atómica,  - y el juego de las bombas madres y padres - se ve con fuerza la gran diferencia que existe entre un Estadista (un hombre Político y un "buen" Hombre de Negocios. La POLÍTICA olvidada, marginada, negociada, y en cambio, los negocios, los intereses empresariales, el neoliberalismo en su escencia fundamentalista, como insurgen como alternativas de intereses absolutamente personales o poderes empresariales.
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LA CRÍTICA DIFERENCIA ENTRE UN ESTADISTA Y UN HOMBRE DE NEGOCIOS.
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Jorge Majfud.*

Página /12 sábado 22 de abril del 2017.


En 2012 se disputaron la presidencia de Estados Unidos Barak Obama y Mitt Romney. Por entonces, en varios medios de prensa, enfaticé la simple idea de que ser un exitoso hombre de negocios es un mérito pero no hace a nadie un buen gobernante, ya que un país no es una empresa. Hace un par de años debimos soportar en nuestra universidad un pobrísimo discurso de Mitt Romney sobre el éxito, lleno de lugares comunes e ideas vacías, lo que demuestra cuán mediocre y arrogante puede ser un exitoso hombre de negocios, aunque no tan exitoso ni tan mediocre como el actual presidente Donald Trump.

Más o menos por aquella época, Noam Chomsky me envió varios artículos y comentarios esclarecedores sobre la realidad clave de las externalidades. En pocas palabras: las externalidades son todos aquellos efectos que no entran en la ecuación de un buen negocio. Dos partes pueden hacer un excelente negocio, pero eso no significa que los resultados a largo plazo y en un contexto mayor vayan a beneficiar al resto ni a ellos mismos, como indica la base del liberalismo económico: perseguir el interés individual necesariamente conduce al beneficio del resto de la sociedad.
Por ejemplo (recuerdo brevemente dos ejemplos del mismo Chomsky): un excelente negocio entre dos empresas o dos países pueden conducir a una catástrofe internacional o ecológica. Bajar los impuestos tiene un efecto inmediato en los negocios: los individuos pueden ver los efectos en sus ahorros y pueden iniciar negocios en principio más convenientes. Sin embargo, según estudios cuantitativos, cuando el Estado invierte menos en reparar las carreteras, los usuarios terminan llevando sus autos con más frecuencia al mecánico. Todos se quejan de los impuestos que cobra el gobierno y todos quieren pagar menos, pero nadie se queja de lo que debe gastar en reparar sus autos. Generalmente ocurre lo contrario, porque todos agradecemos un buen trabajo de nuestro mecánico. En otras palabras, la destrucción del medio ambiente y la destrucción de los bienes como autos, vidrios, techos, etc., tiene un efecto positivo en la economía pero a largo plazo no genera más riqueza ni es necesariamente responsable con la realidad que nos rodea, como el medio ambiente, el equilibrio social y la economía a largo plazo.
Un exitoso hombre de negocios no debe preocuparse por la educación previa ni por la suerte posterior de sus empleados cuando pierden su trabajo. En gran medida, de eso se encarga el maldito Estado, por no hablar de otros aspectos, como la represión policial de la violencia causada por los obscenos desequilibrios sociales causados por el éxito de unos pocos. Estado al que se acusa de desangrar a los exitosos empresarios con injustos impuestos que impiden que los exitosos sean más exitosos.
Por ponerlo en un par de figuras: que un jugador de fútbol sea un excelente pateador de penales no lo hace un excelente director técnico. Un hombre de negocios es un hábil jugador de ajedrez cuando su mano está dando jaque mate a la reina adversaria (acosando al adversario antes de cerrar un excelente trato), pero eso no lo hace un gran jugador de ajedrez que debe planificar la jugada desde el inicio.
Más gráfico: esa naturaleza del exitoso hombre de negocios ya se está observando en las primeras semanas del gobierno de Donald Trump. Sus tempestuosas y erráticas medidas y decretos revelan la mano del hombre de negocios: presión, intimidación a corto plazo para cortar el árbol sin considerar el bosque. La idea de castigar a México con un veinte por ciento de aranceles a sus exportaciones a Estados Unidos no considera que todas esas exportaciones, según las reglas del mundo capitalista que el Sr. Trump presume representar, no se producen por una arbitrariedad fantástica sino por las viejas reglas de la oferta y la demanda. Un colapso de las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos, dos grandes socios comerciales, significaría un castigo a la misma economía estadounidense. Aparte de las consecuencias geopolíticas, como sería un México buscando alianzas con China, por ejemplo.
Si observamos cada decisión tomada por el presidente Trump, cada una está basada en la misma superstición de cómo funciona el mundo, como si las externalidades no existieran, como si todo se redujese a una puja entre dos poderosos hombres de negocios: la aprobación del oleoducto de Dakota sin considerar sus posible efectos ecológicos; el bloqueo de refugiados de países víctimas de la globalización, como si no existiesen los derechos humanos de los niños de la guerra y no existiesen resentimientos de posibles aliados; el inicio del acoso a México, su tercer socio económico más importante, como si la economía estadounidense fuese una isla o respondiese al contexto mercantil del planeta Júpiter; y un largo etcétera.
La sola idea que Trump supo vender muy bien a sus votantes, de devolver los puestos de trabajo de la industria a los estadounidenses presionando e intimidando a las empresas estadunidenses puede ser un gol de penal, pero a largo plazo significa varios goles en contra. Otra vez, según la lógica del capitalismo, no es posible producir los mismos autos y las mismas sillas con obreros que en China ganan unos pocos miles de dólares al año con unos obreros que en Estados Unidos ganan cuarenta o sesenta mil dólares.
La causa y consecuencia la hemos venido repitiendo desde hace años: la solución que encontrarán las empresas ante ese desbalance entre costos y precios finales es una aún más rápida automatización: en la industria automovilística es una tendencia que tiene décadas, pero hay otros sectores donde los robots seguirán expandiéndose y las malditas universidades seguirán aportando cada vez más valor agregado en detrimento de los tradicionales puestos de trabajo: en la agricultura, en los servicios e, incluso, en el trasporte. Hoy en día, en muchos de los viejos estados industriales del norte centro de Estados Unidos (inesperados votantes de Trump) la profesión de conductores de camiones es una de la principales debido a la expansión de la economía. Sin embargo, la realidad de los autos, autobuses y camiones que no requerirán conductores irá en aumento.
Es una realidad inevitable, al menos que se invente una guerra civil o internacional y volvamos a etapas anteriores del capitalismo industrial.
Por supuesto que un exitoso hombre de negocios puede ser un gran estadista, como puede serlo un sindicalista, un militar o un profesor. Pero ninguno de ellos sería un buen estadista, ni siquiera un buen presidente, si creyera que aplicando sus exitosos métodos sindicales, militares o pedagógicos sería la clave para gobernar un país. Eso es miopía y tarde o temprano la realidad nos pasa por encima cuando la ignoramos a fuerza de narraciones autocomplacientes.
Mucho más si estamos hablando de un ego enceguecido por su propia luz. Entonces lo único que podemos esperar son crisis de todo tipo: económicas en el mejor caso; sociales y hasta bélicas en el peor.
 * Escritor y profesor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y La reina de América entre otros libros.
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viernes, 21 de abril de 2017

EXTRACTIVISMO Y RECURSOS NATURALES: ¿ EXISTEN ALTERNATIVAS?.

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Por Steven Navarrete Cardona. Entrevista con el sociólogo Boaventura de Sousa Santos: “El neoextractivismo está acabando con América Latina”. El Espectador (Segunda parte).
El neoextractivismo.- es un modelo de desarrollo económico adoptado por algunos gobiernos de América del Sur a principios del siglo XXI y cuyos antecedentes se ubicarían en el extractivismo convencional. Al igual que éste, el neoextractivismo orienta la economía hacia actividades de explotación de la naturaleza para la obtención de recursos no procesados dirigidos de forma prioritaria a la exportación, pero difiere de aquel en el papel protagónico que adquiere el Estado en el proceso productivo. Esta participación puede adoptar una forma directa, a través de empresas estatales, o indirecta, a través de tributaciones y otros mecanismos de regulación, y permite la obtención de un porcentaje mayor de ingresos para las arcas estatales. Parte de estos recursos sirven para la puesta en marcha de programas sociales y otras iniciativas públicas que dotan a los gobiernos de cierto grado de legitimidad. Inés Carrasco y Jokin Del Hoyo Arce

-¿Entonces la naturaleza es el principal recurso económico de América Latina en la actualidad?

-Lo que mueve la economía en los países latinoamericanos son los recursos naturales. Es por ello que son más de 5000 proyectos en la Amazonía que van a destruir obviamente sus ecosistemas. Todo ello resulta así en la destrucción de un modelo político que se pensaba alternativo y en sus inicios era muy creíble.

-¿Existe una alternativa de conciliar una organización productiva sostenible que favorezca a las poblaciones de los países y cuide el medioambiente?

-No témenos otra opción, tiene que existir. Debemos pensar una forma de producción alternativa al estractivismo, que está destruyendo a América Latina y al mundo. Sus ciclos arrasan con la fertilidad de la tierra llevándola hasta el límite. Muchas regiones ya están desertificadas porque no soportan dicho saqueo.

Es la primera vez en la historia que el capitalismo enfrenta los límites de la naturaleza. Hemos pasado de la contradicción entre capital y trabajo a la existente entre capital y naturaleza, lo que se demuestra en el calentamiento global y los desastres climáticos y la escasez de agua. Por otro lado debemos revalorar todas las economías anticapitalistas que existen en el mundo, las economías campesinas, indígenas y solidarias que buscan una reciprocidad y de respeto con la naturaleza.

-¿Qué puede hacer el ciudadano de a pie para enfrentar crisis y salvaguardar la naturaleza?

-El ciudadano de a pie se siente más pequeño ante las lógicas de poder que lo trascienden. El poder es tan fuerte, que tú no te imaginas como individualmente puedes hacer algo en su contra. Existen dos niveles en los cuales podemos pensar una alternativa, por un lado, no hay emancipación sin autotransformación.

En tu vida tienes, de alguna manera, que dar testimonio de una alternativa por más pequeña que sea, en tu familia, en tu casa, en tu escuela, en tu lugar de tu trabajo, testimonio de democracia y de conciencia ambiental porque hoy en día, el poder está en manos de anti-demócratas. Individualmente puedes hacer muy poco por la realidad a la cual estas sujeto, lo que debemos hacer es repensar la política de nuevo, participar activamente en la formulación de políticas no solamente a nivel municipal sino a nivel nacional.

En América Latina se hicieron algunas apuestas interesantes como los presupuestos participativos, consejos nacionales sectoriales de salud y educación, donde la sociedad civil realmente organizada participaba en la producción de políticas públicas.

-¿Y usted como contribuye al cambio social?

-Nunca seré un intelectual de vanguardia, sino de ‘retaguardia’. Para hacer teoría de vanguardia y hacer parte de la misma hay que separarse de la sociedad que quieres guiar.

El intelectual de retaguardia por el contrario va con los movimientos sociales, caminando al mismo tiempo y se deja sorprender por la creatividad social, busca dar cuenta de lo que esta pasado, pero al mismo tiempo dejando ecos donde la creatividad va surgiendo, trabajando con los movimientos sociales, de campesinos, de indígenas, de mujeres. En la ‘Universidad Popular de los Movimientos Sociales’, realizamos diversos talleres y donde buscamos el acercamiento de los espacios y que tome lugar lo que yo llamo la ecología de saberes, donde se combina el saber científico junto al saber popular.

Estamos discutiendo un mundo nuevo, pero siempre teniendo en cuenta los nuevos factores que surgen en la sociedad, lo que he denominado la sociología de las emergencias, es ese sentido que estamos trabajando.

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El extractivismo está acabando con América Latina.
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EXTRACTIVISMO Y RECURSOS NATURALES: 
¿EXISTEN ALTERNATIVAS?.
Entrevista  Danilo Urrea, Facilitador Regional de Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe.
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Mónica Baró.

Periodismo de Barrio.

Viernes 21 de abril del 2017.

Amigos de la Tierra Internacional (ATI) es una federación con una historia que abarca más de cuatro décadas. Surgió en 1971, por iniciativa de cuatro organizaciones ambientalistas de Francia, Suecia, Inglaterra y Estados Unidos. En sus primeros años funcionó como espacio de coordinación de campañas conjuntas en defensa de la naturaleza. Se posicionaba en torno a la energía nuclear o la cacería de ballenas.

Actualmente, ATI es una red que integra a 73 organizaciones ambientalistas de distintos lugares del mundo y es miembro activo del Centro Ambiental Internacional de Intermediación (Environmental Liaison Centre International-ELCI) y de la Unión para la Conservación Mundial (World Conservation Union-IUCN). Además, participa con carácter consultivo en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas.

En su agenda, los principales ejes temáticos son agricultura y alimentación, clima y energía, recursos naturales y residuos, justicia económica y cooperación. Su eslogan: “movilizar, resistir, transformar”.

Danilo Urrea, filósofo colombiano y comunicador popular, es el facilitador regional de Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe desde hace casi un año, pero trabaja en la plataforma desde hace unos catorce. En visita a Cuba, durante el XII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios “Berta Cáceres vive”, dedicado a la líder ambientalista hondureña asesinada en 2016, Urrea accedió a dialogar con Periodismo de Barrio acerca de las realidades en las que trabaja.

¿Podrías describir cuál es el contexto medioambiental en América Latina y el Caribe? ¿Qué valoración haces de los conflictos que se viven?

Nosotros el análisis que hacemos como Amigos de la Tierra América Latina y el Caribe es que nos encontramos en un contexto bastante complejo, y esas complejidades tienen que ver principalmente con los avances que ha tenido en los últimos años el modelo de desarrollo basado en el extractivismo. Y cuando hablamos de extractivismo, encontramos cuatro grandes pilares. Uno: la explotación minera. Dos: la explotación petrolera. Tres: la construcción de grandes represas para la producción energética. Y cuatro: los agrocombustibles (que a veces no suelen ser tenidos en cuenta como parte del modelo extractivo, pero que constituyen una forma de extracción de recursos a gran escala para producir energía y son como comida para los carros). Es en ese modelo donde encontramos la mayor dificultad, en tanto los patrimonios naturales se entienden como fuentes de acumulación de riquezas. Y eso nos lleva a otro escenario, muy complejo, que tiene que ver con la destrucción de territorios y el desplazamiento de comunidades que han vivido históricamente en esos territorios.



Pero cuando hablamos de lo ambiental, no hablamos solamente de lo que se conoce como recursos naturales. Hablamos más bien de la interrelación entre los seres humanos y la naturaleza, porque consideramos que los seres humanos somos parte de la naturaleza, aun cuando la división moderna capitalista dice que estamos por fuera y que la función de la naturaleza es entregarnos beneficios a través de la explotación. Y en esa interrelación vemos otras dificultades, que tienen que ver con el patriarcalismo, con la utilización de los cuerpos, sobre todo con la explotación del cuerpo de la mujer para acumular capital. Todo eso nosotros lo implicamos en la cuestión ambiental. No solamente analizamos qué pasa con los ríos, qué pasa con los patrimonios naturales, sino también qué pasa con la vida de los seres humanos.

Una de las discusiones más importantes que hay en la región ahora gira en torno a los modelos socioeconómicos productivos. En este sentido, uno de los argumentos más fuertes de los Gobiernos progresistas para continuar reproduciendo el modelo extractivista es que, antes de cambiarlo, es necesario superar las condiciones de pobreza existentes, que son el resultado de siglos de una redistribución injusta y desigual de las riquezas; es decir, que primero hay que cambiar el sistema de redistribución y luego, el de producción. ¿Hasta qué punto podemos renunciar a las grandes extracciones de recursos naturales para impulsar el desarrollo de los pueblos?

Creo que ahí hay verdades en términos de la necesidad de hacer un proceso en el que haya un equilibrio en la redistribución de la renta. Sin embargo, la historia reciente de varios países progresistas nos ha mostrado que, si bien la redistribución de la renta ha mejorado la calidad de vida de un sector de la población, que es algo que hay que valorar, con eso no es suficiente.

Hay que pensar un poco en lo que se conoce hoy como procesos de transición, en cómo hacer la transición de un modelo de alta explotación a uno de extracción necesaria, en el cual la afectación natural no implique la desaparición de culturas, de pueblos originarios o de otros seres que no son humanos y hacen parte de la complejidad de la trama de la vida. No podemos tener una radicalidad tal para afirmar que de la noche a la mañana se va a acabar el modelo extractivo, pero hay que pensar en cómo hacer las transiciones y discutir con los Estados qué se necesita en una población para vivir. Porque necesitamos interactuar con esa naturaleza no humana para obtener beneficios que nos permitan garantizar la vida en el planeta, pero ¿en qué cantidades?

A mí me preocupa fuertemente un discurso en el que pareciera que estamos condenados a seguir explotando la naturaleza como única posibilidad de mejoramiento de la condición humana, cuando esas formas responden más a acuerdos comerciales para la acumulación de capital que a las necesidades reales de los pueblos. Hoy explotamos para exportar a Europa. Y pensar la posibilidad de desarrollo de los pueblos a través de la exportación de materias primas es lo que nos lleva a una escala que no está de ninguna manera de acuerdo con la posibilidad de reproducción material de la vida.

Nosotros estamos seguros de que en los cambios pequeños de poblaciones y organizaciones en nuestros países, hay alternativas concretas. Va a ser un proceso muy lento, porque implicaría romper con el modelo de dependencia internacional y una serie de consumos, pero hay que empezar. No puede haber construcción de alternativas si no se empieza con pequeñas experiencias.
 



LA ESPADA Y LA PARED. AMÉRICA LATINA, ENTRE EL EXTRACTIVISMO Y EL BUEN VIVIR.-Durante los últimos años han florecido en distintos países de América Latina procesos de transformación que, desde las instituciones, vienen a romper con décadas de políticas neoliberales y parecen abrir la puerta a modelos más justos en lo económico y más respetuosos con la diversidad cultural y el medio ambiente. En este camino, los Gobiernos se encuentran con la tarea de afrontar el extraordinario peso que sigue teniendo el extractivismo en la economía, como principal fuente de ingresos, pero también como causante de conflictos sociales crecientes.
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Pero, ¿qué alternativas se pueden mirar hoy en América Latina y el Caribe para comprobar que efectivamente es posible reproducir la vida de una manera armónica con el medio ambiente?

Hay que mirar la agricultura campesina, con un viraje hacia la agroecología, que es una manera efectiva no solamente de alimentar a la población mundial sino de enfrentar problemas tan grandes como el cambio climático. Hay que mirar el manejo público y comunitario del agua que se ha hecho en Colombia, donde las comunidades organizadas han podido distribuir el agua sin necesidad de una estructura de privatización, y lo puedes encontrar en el Meta, donde más del 50 por ciento de la población urbana se surte de agua comunitaria, y en los departamentos de Antioquia, El Cauca, Santander, Tolima… Hay que mirar el manejo comunitario de bosques, que se hace para asegurar formas de reproducción de las selvas y de bienes naturales, con experiencias muy concretas en Costa Rica y Colombia, donde se ha demostrado que las reservas comunitarias de bosques terminan asociándose con proyectos productivos agrícolas, sin necesidad de monocultivo para acumular capital transnacional. Hay que mirar los proyectos energéticos populares, que existen en México y en Brasil, por ejemplo, donde se producen biodigestores para generar energía en comunidades que no tienen acceso a la electricidad y se construyen hornillas agroecológicas para eliminar problemas de salud asociados a la cocción de alimentos con leña. Y también hay que mirar atrás, a las prácticas históricas de los pueblos, aunque muchas han sido desaparecidas por el modelo actual.

Una de las limitaciones para construir alternativas al modelo extractivista es el hecho de que las alternativas que van surgiendo están muy dispersas, poco sistematizadas, y no se conocen lo suficiente fuera de los territorios donde se desarrollan. ¿Qué hace Amigos de la Tierra para socializar todas esas experiencias y prácticas que están proponiendo una relación distinta con la naturaleza?

Nosotros aprovechamos espacios de convergencia internacional ya creados, como foros y cumbres, y cada dos o tres años hacemos la escuela de la sustentabilidad, donde nos reunimos comunidades y organizaciones amigas y discutimos asuntos de comunicación, formación, contexto político. Lo principal es la articulación y el intercambio con otros movimientos, como el Movimiento (de los Trabajadores Rurales) Sin Tierra de Brasil, la Marcha Mundial de Mujeres, la Vía Campesina, la Confederación Sindical de las AméricasJubileo Suraméricas… Pero también ponemos énfasis en el proceso de construcción de la comunicación.

Tenemos un medio que se llama Radio Mundo Real, con el cual tratamos de impulsar tres procesos. Uno: la convergencia de movimientos sociales. Dos: la formación de comunicadores populares en diferentes ámbitos. Y tres: la construcción de una memoria ambiental de los pueblos a través de la documentación radial y audiovisual –que para mí es uno de los procesos más interesantes.

¿Qué resultados ha tenido la actuación de Amigos de la Tierra en la región? ¿Cuál ha sido su impacto?

Un logro esencial es haber contribuido a comprender la importancia de la variable ambiental en las luchas y resistencias territoriales de los movimientos sociales. Otro tiene que ver con la defensa de los defensores de territorios, que han sido criminalizados en las últimas dos décadas, y hemos ayudado incluso a salvar las vidas de esas personas en algunos momentos. Otro, la contribución a procesos agroecológicos, sobre todo a la protección del intercambio de semillas en América Latina, que se ha hecho en articulación con Vía Campesina, por ejemplo. Y sin lugar a dudas en la última década el trabajo de Radio Mundo Real ha sido un trabajo de visibilización de las luchas territoriales y de construcción de una nueva mirada de lo ambiental.

Con Cuba, ¿cuál ha sido la relación que han mantenido hasta ahora?

Nosotros tenemos una relación de varios años con el Centro Memorial Martin Luther King Jr., y a través de esa relación nos encontramos con el Centro para la Promoción de la Educación y el Desarrollo Sostenible (CEPRODESO) y con la Red de Educadores Populares y Ambientales, que han sido una guía para la definición pedagógica. Esa relación nos ha permitido una concepción muy diferente de lo que nosotros teníamos entendido por educación en la región y nos ha mostrado un camino metodológico nuevo en la construcción de lo popular hacia la defensa de lo territorial.

Para Amigos de la Tierra, Cuba sigue siendo un modelo de referencia de proceso socialista. Y de un socialismo que tiene todas las dificultades de un modelo histórico, que se renueva permanentemente en la necesidad de los cambios, y para nosotros, que venimos de países capitalistas, donde la posibilidad de compartir ha sido atacada desde los modelos culturales de individualización, todo esto es un aprendizaje muy grande.

¿Qué valoración harías de la realidad cubana en lo referente a la protección del medio ambiente?

Nosotros entendemos que en Cuba hay dificultades en términos de lo ambiental, como las hay en muchos otros países, pero también sabemos que la afectación por el modelo o el modo de vida que se lleva acá puede ser menor que el que hay en los países capitalistas de los que provenimos. En el capitalismo tenemos que luchar día a día para que ese modelo no arrase con los pocos patrimonios que siguen garantizando la vida de las poblaciones. No sé en el caso cubano cómo es la relación, si es de disputa o si es de conservación frente a los patrimonios que garantizan la vida, pero sí entendemos que las escalas de destrucción de la naturaleza son diferentes. La escala en que nosotros estamos no es comparable con la escala de Cuba.

¿Qué retos consideras que impone actualmente el escenario medioambiental de América Latina y el Caribe?

Ante un escenario de explotación de los patrimonios naturales y los seres humanos cada vez mayor por agentes transnacionales, consideramos que las posibilidades están necesariamente en la organización. Eso puede sonar a lugar común, a algo que históricamente se ha dicho: “Necesitamos organizarnos para poder enfrentar los problemas del mundo”. Pero esa organización es sin lugar a dudas necesaria, porque los pueblos desorganizados no vamos a obtener victorias frente a un modelo de desarrollo extractivista que sí tiene formas de organización efectivas.

Cuando las compañías llegan a nuestros países ellas se organizan y articulan bien con los Gobiernos. Tienen formas de acceder a las comunidades a través de engaños y manipulaciones. Y si nosotros no tenemos un proceso que logre enfrentar esa forma de organización del capital, pues simplemente no vamos a poder resistir esos proyectos, y cada vez más comunidades saldrán de sus territorios e irán a las grandes ciudades a agrandar los círculos de la pobreza, de gente que no tiene trabajo porque no pertenece a esos espacios.

Frente al contexto en que nos encontramos hoy, marcado por el incremento de los conflictos medioambientales, el desplazamiento forzado de comunidades, la pérdida de biodiversidad, la criminalización de la defensa de los territorios y patrimonios naturales, el asesinato de importantes líderes de movimientos sociales y la impunidad con que se cometen tantos crímenes contra la vida, ¿podrías considerarte una persona optimista? ¿No te provoca frustración ver que se avanza por un lado y luego por otro se retrocede?

Para ser completamente honesto, hay días en que pienso que las dificultades son muchas y los frentes de trabajo no alcanzan a enfrentar esas dificultades efectivamente. Pero también, cuando estoy en territorios indígenas, campesinos, afrodescendientes, y veo la fuerza y la tenacidad de la gente que, a pesar de las adversidades y de no tener materialmente muchas cosas que son necesarias para la vida, todos los días se levanta a enfrentar el corporativismo, los paramilitares, la seguridad privada que la quiere sacar de sus territorios, creo que mis frustraciones son estupideces con respecto a esa realidad.

Yo vivo en una ciudad como Bogotá, donde no tengo cosas en abundancia pero no carezco radicalmente de lo que necesito para vivir, y tengo un hijo al que puedo dar de comer y mandar a estudiar. Pero la vida de la gente que lucha, que trabaja en la tierra y que la cultiva, que no se quiere dejar sacar de ahí, eso sí es difícil. Y si la gente sigue parada ahí resistiendo, ¿cómo nosotros no vamos a poder seguir contribuyendo con el trabajo que hacemos? El contexto es adverso, pero la tenacidad de los pueblos latinoamericanos supera las adversidades.

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