viernes, 21 de julio de 2017

CUANDO LA DESIGUALDAD ES UNA ELECCIÓN POPULAR.

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Elecciones democráticas, elecciones populares – propias de las democracias electorales – muy comunes hoy en América Latina, pero también con la presencia real y objetiva de lo poco que se ha avanzado en el proceso social cultural y político de construcción de CIUDADANÍA, situación real hoy cuando todos nosotros elegimos – políticamente a nuestros propios  verdugos – aquellos falsos políticos, que nos impresionan, nos llenan la “vida” con semejante publicidad de un programa de gobierno iluso, efectista, que nos convence rápidamente y al final resultamos eligiendo en democracia a quién nos arrebata nuestros propios Derechos Sociales, muchas veces con el cuento de la Modernidad, de reformar y modernizar el Estado o simplemente de crear y desarrollar oportunidades para todos, en el trabajo, por ejemplo, desatando, desconectando “viejos principios y prácticas laborales” que no permiten la presencia de la juventud en el trabajo; lo primero que destruyen con políticas “diplomáticas” es el derecho al trabajo y  la estabilidad laboral - que no ha sido un regalo del capitalismo, ha sido una histórica reivindicación de los trabajadores sindicalistas en el mundo; – nos ”expropian” derechos laborales, con el cuento propio de la política criolla – porque en realidad nos están imponiendo todos los programas de gobierno de las políticas neoliberales, que definitivamente van a barrer con nuestros Derechos Sociales, n la práctica de la Sociología de la vida cotidiana,  se acabó la SOLIDARIDAD, se acabó la FALTA OPORTUNIDAD PARA TODOS y en el fondo, del escenario nacional,  lo que real y objetivamente tenemos, es una ”nueva” realidad, básicamente turbulenta y ataque permanente, por diversos medios y caminos contra los derechos del Pueblo en su conjunto, tenemos como resultado una “nueva”, fría, violenta, salvaje e inhuma realidad, es un profunda y extensa DESIGUALDAD Económico-social-laboral.

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Presidentes actuales de Argentina, Brasil y México. Dos elecciones democráticas - populares - y un golpista contra un gobierno Democrático popular de izquierda reformista. Hoy los tres con la imposición de las políticas neoliberales - propias de la década de los 90', tiempos del Consenso de Washington - han liquidado Derechos sociales de los trabajadores, con sus Políticas de gobierno han profundizado y ampliado la pobreza ,  realidad que hoy ha generado que tenemos los tres países de mayor desigualdad económico-social-laboral de América Latina.
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CUANDO LA DESIGUALDAD ES UNA ELECCIÓN POPULAR.
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José Natanson.

Le Monde Diplomatique.

Jueves 20 de julio del 2017.

El fenómeno suele pasar por debajo del radar de las encuestas y las investigaciones sociológicas. Cuando se pregunta de manera abierta, nadie, o casi nadie, se anima a admitirlo. Y sin embargo ocurre: en ocasiones, quizás sin gritarlo pero de manera perfectamente democrática, las sociedades eligen políticas –y políticos– que conducen a mayores niveles de desigualdad. En otras palabras, la injusticia social no es solo resultado de las tendencias ingobernables de la economía o la mala praxis de la gestión estatal; también puede ser popular.

Por supuesto, fuerzas globales irresistibles, entre las que cabe mencionar el auge de una economía financiera descontrolada, la heterogeneidad del mundo laboral y la debilidad de los Estados nacionales, propician sociedades más inequitativas. Pero lo que interesa aquí no son los efectos casi gravitatorios del capitalismo globalizado sino los motivos por los cuales, en determinadas condiciones de tiempo y espacio, las sociedades se inclinan de manera más o menos consciente por modelos desigualadores, con todas sus consecuencias en términos de convivencia ciudadana, paz social e inseguridad pública.

¿Cómo se explica semejante cosa? El académico francés François Dubet propone invertir el razonamiento (1). Frente a los estudios de sociología política que suelen argumentar que la mayor desigualdad, propiciada por las tendencias globales mencionadas más arriba, deriva en una crisis de los lazos sociales, Dubet postula que es el resquebrajamiento de la convivencia lo que permite que se profundice la inequidad social. En suma, la desigualdad es resultado de una crisis de la solidaridad.

El planteo de Dubet pone en cuestión la tesis del filósofo liberal John Rawls, que sostenía que, de los tres colores de la tríada revolucionaria francesa, la fraternidad, que aquí llamaríamos solidaridad, es el que tiene menos peso en la construcción de las democracias modernas. Para Dubet, la fraternidad es condición de posibilidad de la igualdad. La explicación es bastante simple: aunque infinitamente mejor para la mayoría, la igualdad es, para una minoría privilegiada, cara. Por eso una sociedad más equilibrada implica que los sectores más ricos estén dispuestos a resignar ganancias por vía de una estructura impositiva progresiva que redistribuya mejor el ingreso; exige, en suma, que haya algunos que acepten “pagar por otros”, sacrificarse por personas… a las que ni siquiera conocen.

Para que este esfuerzo se concrete en la práctica es necesario un sentido común que remita a la idea de que somos más o menos semejantes y que convivimos en un mismo espacio, que es territorial pero también simbólico, histórico, lingüístico y afectivo. Sin la idea de que compartimos un destino colectivo, de que nuestro futuro está de alguna manera enlazado al de los demás, es difícil que los grupos más favorecidos de la sociedad acepten el sacrificio que implica sostener a los que menos tienen.

Esta dificultad se profundiza en un momento en que cobran cada vez más importancia los valores relacionados con la identidad individual, que expresan no lo que tenemos en común, sea nuestro lugar en la pirámide social (clase), nuestro trabajo (sindicato) o nuestra ideología (partido político), sino lo que nos distingue, lo que nos hace diferentes el uno del otro. El efecto de este auge identitario es ambiguo: si por un lado fortalece el pluralismo, la tolerancia y el multiculturalismo, por otro tiende a consolidar el individualismo de la “sociedad de la desconfianza”, en la que las personas se miran como si estuvieran sentadas a una mesa de póker. En ambos casos la pregunta es la misma: ¿cómo asegurar la solidaridad en un contexto de exacerbación del individualismo? 

El trabajador meritocrático.

¿La sociedad argentina optó de manera deliberada por mayores niveles de inequidad cuando eligió a Mauricio Macri en las presidenciales del 2015? Aunque es cierto que el macrismo prometió mantener las políticas sociales, cosa que hasta el momento cumplió, y “no sacarle a nadie lo que ya tiene”, cosa que no hizo, también es verdad que la desigualdad estuvo completamente ausente de su discurso de campaña y que la redistribución del ingreso, tan socorrida durante el kirchnerismo, ha desaparecido del debate público.

Como señalamos en otra oportunidad (2), la filosofía que orienta la gestión macrista no apunta a construir una sociedad más igualitaria (igualdad de resultados) sino a garantizar condiciones iguales para todos (igualdad de oportunidades): la idea es consolidar una línea equitativa de largada para que luego los individuos, que en su singularidad identitaria son todos distintos (y por lo tanto quieren cosas distintas), compitan entre sí, y que cada uno llegue hasta donde pueda. Bajo esta perspectiva, la balanza de la justicia se desplaza de la redistribución del ingreso a la redistribución de las oportunidades, de la igualdad social al esfuerzo individual, del Estado al mercado .

Típicamente liberal, se trata de uno de los pocos conceptos abstractos a los que cada tanto recurre el macrismo, verificable en las apelaciones al ciudadano-vecino utilizando la segunda persona del singular (“Te hablo a vos, que querés estar mejor”) y en las referencias permanentes a recuperar una “cultura del trabajo” supuestamente extraviada por los desvaríos del populismo. El hecho de que la mayoría de quienes formulan este discurso estén lejos de ser ejemplos de self made men queda para otro análisis: lo central es que resulta políticamente eficaz.

Esto se explica en buena medida porque el argumento encarna en un actor concreto, el verdadero sujeto social de esta nueva batalla cultural: el trabajador meritocrático. Habitante de la periferia de las ciudades globalizadas, asalariado en el sector industrial o cuentapropista con algún capital propio (un taxi, un kiosco), el trabajador meritocrático mantiene –igual que el macrismo– una relación ambigua y problemática con el Estado. Lejos del vínculo vital de los sectores excluidos, que dependen de la Asignación Universal o la jubilación mínima para su supervivencia cotidiana, pero lejos también de la prescindencia de los grupos más acomodados, combina dependencia estatal con un rechazo casi pulsional por la política: obra social con escuela pública, colectivo diario al trabajo con universidad del conurbano, escuela parroquial con dos semanas en Mar del Plata.

En este contexto, las mejoras de bienestar experimentadas durante el kirchnerismo suelen ser atribuidas menos al contexto político que al esfuerzo individual del “nadie me regaló nada”, y por eso la vía de ascenso social hacia la clase media pura, que es el gran ideal aspiracional, es vista menos como una construcción colectiva que como una escalera hacia lo privado: del hospital a la obra social y de ahí a la prepaga.

Durante su largo ciclo en el poder, el kirchnerismo nunca encontró la forma de hablarle a este sector social, al que paradójicamente había hecho mucho por ensanchar, y al final optó por abandonarlo a su suerte, como si ya no mereciera su distinguida atención. En cambio el macrismo, tomando la posta de Sergio Massa, desplegó una estrategia para seducirlo que incluyó la promesa de satisfacer sus dos grandes demandas: la baja del impuesto a las ganancias y la lucha contra la inseguridad. De este modo logró sumarlo al voto republicano y al apoyo del campo hasta redondear una base social tan amplia como policlasista: sin la adhesión tardía del trabajador meritocrático, Cambiemos nunca hubiera ganado la provincia de Buenos Aires ni municipios como Lanús, Tres de Febrero o Quilmes.

Con su concepción de la sociedad como una pecera donde las personas nadan sueltas, sus apelaciones en singular y sus referencias casi calvinistas al esfuerzo y la cultura del trabajo, cuya contracara es por supuesto un rechazo implícito a la pereza y la dependencia estatal, el macrismo interpela a este sector social y, de manera sutil pero perfectamente visible, cambia el eje del debate público: al poner el foco en la pobreza en reemplazo de la desigualdad, opta por un problema más consensual y menos conflictivo, abierto a las soluciones piadosas al estilo Iglesia Católica. El resultado invisible del nuevo enfoque liberal que nos gobierna es un resquebrajamiento de la trama de solidaridades identificada por Dubet como una de las causas para la legitimación de la injusticia social.

Al aire.

La cultura de masas suele reflejar estas mutaciones sociales. ¿Dónde las vemos? A la espera de una obra de arte más potente, un libro o una película, llamemos la atención sobre la deriva de “Meritócratas”, el comentado aviso publicitario del Chevrolet Cruce.

Estrenado cinco meses después del cambio de gobierno, el spot invitaba a imaginar un mundo en donde “cada persona tiene lo que merece”, donde “el que llegó, llegó por su cuenta, sin que nadie le regale nada”. Sobre un fondo de edificios vidriados, aeropuertos, anteojos modernos y sushi, la publicidad sostenía que “un verdadero meritócrata es aquel que sabe qué tiene que hacer y lo hace, sin chamuyos”, porque “sabe que cuanto más trabaja, más suerte tiene”, antes de un cierre casi de campaña: “El meritócrata pertenece a una minoría que no para de avanzar y que nunca fue reconocida. Hasta ahora”.

¿Qué nos dice “Meritócratas” sobre la Argentina actual? Los publicistas podrán ser superficiales y frívolos, pero disponen de un instinto agudo a la hora de detectar tempranamente las corrientes subterráneas de la sociedad, que es en definitiva la que compra o deja de comprar los productos que ofrecen. Con la publicidad de Chevrolet, los creativos de la agencia Commonwealth McCann buscaban conectar con el Zeitgeist del macrismo: que se hayan animado a poner al aire semejante aviso demuestra que el clima de época efectivamente había cambiado, del mismo modo que el hecho de que al poco tiempo lo hayan tenido que sacar del aire, forzados por la reacción negativa, las memes y las burlas, sugiere que la perspectiva liberal-individualista todavía no ha cristalizado en una nueva hegemonía cultural. 

Notas: 

1. François Dubet¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario), Editorial Siglo XXI, 2016.

2. Véase el editorial “Contra la igualdad de oportunidades”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2016. 

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jueves, 20 de julio de 2017

LA VERDAD A MEDIAS: SOBRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL, LA PAZ Y LA DEMOCRACIA.

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“La verdadera situación y sus tendencias plantean constantes y crecientes ausencias cognitivas, sobre las causas principales que las provocan, así como sobre las soluciones a las mismas. Las verdades sobre las causas son aún más incómodas que la aceptación de que los males y peligros del sistema amenazan la vida en la Tierra. Sólo sostener que el cambio climático es “antropogénico”, es decir, consecuencia de la acción humana, como sostuvo hace tiempo un grupo de científicos de la Universidad de East Anglia, hizo objeto a los investigadores y a su director de incontables acusaciones y descalificaciones. La gran prensa y numerosas organizaciones, acusaron al director y a los investigadores de haber manipulado los datos de sus computadoras borrando aquéllos que dis-confirmaban sus tesis. El escándalo se dio en periódicos, gobiernos y universidades y fue tal que la Academia Inglesa de Ciencias nombró una comisión de sus especialistas para que aclararan si tenía base o no la acusación. La Comisión rindió un informe en el que hizo ver que los datos borrados por el equipo correspondían a una práctica de corrección y desecho de datos falsos, que es habitual en todo investigador, y que nada de lo “borrado” “disconfirmaba” la tesis de que el cambio climático es antropogénico. El escándalo siguió y fue tal que el Parlamento Británico decidió designar otra comisión de científicos cuyas conclusiones fueron exactamente las mismas de sus antecesores. Es más, dos connotadas revistas científicas norteamericanas defendieron al grupo y sus tesis. La revista “Nature” hizo una defensa abierta, y “Scientific American” publicó un número entero sobre el tema, en que todos los artículos de los más distinguidos especialistas confirmaban, una por una, las tesis del grupo de East Anglia, cuyo director por cierto acabó renunciando...



“Un ejemplo más reciente sobre la negación del problema y sus verdaderas causas, es el del Presidente de la Academia Norteamericana de Ciencias sobre “Los Acuerdos de París”, cuyas resoluciones ni siquiera son “vinculantes”, es decir no son obligatorias para quienes las suscriben. Cuando Trump decidió retirar a Estados Unidos de “Los Acuerdos de París” que unieron a todos los países del mundo–, y tomó esa decisión bajo el pretexto de que las tesis de los “Acuerdos” no se sostenían y eran inventadas, como una prueba de que no tenían ninguna validez y como prueba de su personal coherencia, nada menos que echó a andar las industrias del carbón, uno de los más agresivos causantes de la polución atmosférica, del calentamiento global y de uno de los más amenazadores efectos de éste en la biósfera, con repercusiones en el Polo Norte y el Polo Sur, como el derretimiento de las zonas de los grandes hielos, a la que sigue el crecimiento del nivel de los mares, y la intensificación de los huracanes, de las tormentas y las inundaciones de campos y ciudades……”

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LA VERDAD A MEDIAS: SOBRE EL CALENTAMIENTO GLOBAL, LA PAZ Y LA DEMOCRACIA.
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Maestro. Sociólogo. Dr. Pablo González Casanova.

Ex Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM.

ALAI. Martes 18 de julio del 2017.



Dr. Pablo González Casanova. Maestro de la Sociología Latinoamericana. Ex Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM.

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Hace menos de un año “The Economist” –una prestigiada revista inglesa– sostuvo en su editorial, que Trump representa “una nueva edad de lo que podría llamarse la post-verdad”. Según la revista, en esta nueva edad sus voceros ya no se preocupan de las evidencias ni de las ciencias. Esta afirmación es engañosa, pues si Trump representa la época de la post verdad, al no ocuparse de las evidencias científicas, tanto “The Economist” como la autollamada “ciencia normal” o “corriente principal”, hasta en sus posiciones críticas, tampoco respetan la verdad completa de las ciencias de la materia, de la vida y la humanidad con una crítica en profundidad. Si los artículos de la revista incluyen al cambio climático y demuestran que éste tiene un carácter antropogénico, y que es necesario reconocer “Los acuerdos de París”, tanto Trump como los científicos del sistema, dejan fuera de su programa y de sus conceptos y explicaciones expresas otras amenazas a la vida, como el creciente peligro de la guerra nuclear, y el de varias nuevas fuerzas de dominación y acumulación, capaces de destruir a la Humanidad, y a la Vida en el Planeta e incluso a las corporaciones y complejos empresariales-militares-políticos-y- mediáticos que están haciendo de sí mismos las victimas, en su obstinada obsesión por aumentar su poder, utilidades y riquezas.

Al mismo tiempo que eso ocurre entre los que mandan y ganan, y entre sus apologistas, muchos investigadores que son críticos a medias, como los herederos del “nacionalismo revolucionario” o de “la teoría de la ‘dependencia’”, insertan el colonialismo como una variante estructuralista, y al formular problemas y soluciones, no incluyen al “capitalismo” como causante de la tragedia. Cardozo y Faletto, y no pocos de sus sucesores, caen en esa “ausencia cognitiva” a la que el propio de Souza Santos, recientemente se refirió y en la que incurrió.

La verdad completa sólo se logra si al “colonialismo “y a “la dependencia”, se añade “el capitalismo” en su situación actual.



Ciencias de la complejidad.

La verdad completa de los ya amenazadores desastres que causa y tiende a causar el capitalismo es la que incluye al propio capitalismo como causa principal de lo que ocurre, y que en él incluye el colonialismo, como una de sus estructuraciones de relaciones desiguales construidas para la apropiación del excedente. Por supuesto los “normales” tampoco abordan en sus conclusiones los distintos caminos de emancipación frente a las causas del desastre.

Es más, la verdad completa sólo se encuentra si entre los argumentos científicos se toman en cuenta la situación realmente existente del capitalismo actual y los daños que su atractor principal causa a la tierra, a la vida y a la inmensa mayoría de la humanidad, todas ellas víctimas de tendencias a agravarse, plenamente comprobadas.

De la situación existente y creciente, y de su reconocimiento, derivarán las verdaderas soluciones, que incluyen al capitalismo actual y la forma en que está empleando las ciencias de la complejidad con 1º. Los “sistemas complejos en transición al caos, o del caos”, 2º. Los “sistemas orientados a lograr fines” y . Las ciencias de la comunicación, de la información, de la semiótica y de la organización, para diseñar y formalizar los modelos y escenarios con más probabilidades de maximizar el logro de sus objetivos que son la ley de un sistema de dominación y acumulación de poder, riquezas y utilidades, y que en el capitalismo actual sólo se entienden si son objeto de un conocimiento científico crítico y actualizado de la realidad económica actual y de la ley del valor. Estas superan su comprensión, aunque deberían tomarse hoy, como punto de partida de las ciencias de la complejidad.

Hoy no es la ciencia económica el conocimiento fundamental. Si lo fue en los orígenes del desarrollo industrial para la crítica del capitalismo clásico, hoy la crítica rigurosa de las ciencias de la complejidad muestra como éstas esconden la dominación y la acumulación por “desposesión” o despojo para la acumulación de poder, riquezas y utilidades, y no inician su argumentación científica con la crítica de la ciencia económica al servicio del capitalismo. El des-cubrimiento es aún más exacto cuando a la crítica de las ciencias de la complejidad se añade la crítica a las ciencias de la comunicación, de la información y la organización, y de los teatros de lucha y guerra reales y virtuales, así como de las estrategias y tácticas aplicadas para maximizar el logro del principal atractor del sistema, mediante la comunicación, la información, la organización, el diseño y la formalización de estrategias óptimas, para el logro de las metas del sistema y la confusión sofisticada para que el enemigo o la víctima no distinga entre lo real y lo virtual. El análisis puede parecer difícil de comprender pero eso se logrará cada vez más conforme se integren las ciencias de la complejidad, de la comunicación y de la organización, a la educación y la cultura general, y a partir de ésta se aprenda a auxiliarse también de los conocimientos de los “especialistas orgánicos”, y de la “praxis” de los revolucionarios y rebeldes, en particular de los más originales y profundos, los que se expresan, pon ejemplo, en escritos como los de Fidel, el sub-comandante Galeano, y Chávez, el general bolivariano.

En las luchas que éstos conocen a fondo surgen también los escenarios óptimos de la estructuración de las fuerzas y relaciones emancipadoras, y las des-estructuraciones de las opuestas, en que se reconocen las combinaciones varias de lo real y lo formal, de lo abierto y lo encubierto, de lo legal y lo ilegal, de lo humanitario y lo criminal, y otras que no sólo combinan, sino articulan, los centros y nodos de luchas empresariales, militares, políticas, culturales, sociales, y mediáticas, en espacios y tiempos varios de acumulación primitiva o por despojo, y de acumulación ampliada del poder y riquezas por la vía del contrato y del salario, todas variantes en los países metropolitanos y dependientes o coloniales y en las poblaciones “participantes” o “marginadas”, según el peso de los trabajadores y pueblos organizados, y en medio de una movilidad ascendente o descendente que los hace mejorar o perder, según suban o bajen la productividad tecnológica y la “renta colonial”, lo cual determinó y determina una creciente diferenciación estructural –no esperada– de la clase obrera y el pueblo trabajador.

El conocimiento y reconocimiento de tamaña complejidad es tan necesario como esclarecedor, sobre todo cuando se ve que, con toda su creciente eficiencia, el sistema no puede escapar a la ley del valor y a las contradicciones de las relaciones de explotación que derivan periódicamente en la sobreproducción o el subconsumo, y que hoy dan al sistema un carácter terminal, con una opción: que los accionistas, dirigentes e ideólogos de corporaciones y complejos reconocerán si se abren a la verdad completa y aceptan –aunque sea entre remilgos y rechazos, entre confrontaciones y negociaciones– la necesaria construcción de un sistema postcapitalista.

Las nuevas ciencias de la complejidad y la comunicación de que los expertos se sirven, modelan, formalizan y escenifican el capitalismo para escoger sus mejores cursos, es decir, los que con menores costos, alcanzan la mayor eficiencia y eficacia en el logro de “sus atractores” de dominación y acumulación, todo eso, sin el menor escrúpulo o reparo en los “efectos laterales”, “buscados” y “no buscados” por el sistema en cuanto aumentan su poder, ganancias y riquezas, y su dominio tanto en los mercados como en la explotación del suelo y el subsuelo, de la tierra, el aire y el agua y de los reinos vegetales, animales y humanos.


Podemos negar esta verdad, del proceso de la deglaciación de los mares, los más visibles y concentrados en los Polos norte y Sur.
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El temor a la verdad.

Hoy, complejos y corporaciones, formales e informales, legales e ilegales se desentienden y “niegan” los efectos producidos por las nuevas fuerzas de producción y por las nuevas relaciones de producción, incluso las que dañan y amenazan a la humanidad. Es más, los líderes y beneficiaros de corporaciones y complejos, persistentemente sacan de su conciencia, si es que ésta llega a incluirlos, los efectos adversos a la Humanidad de que el sistema es causante. Es más, accionistas, ejecutivos e intelectuales de la corriente principal colocan los daños que el sistema causa en un primer lugar de los “conocimientos prohibidos ¡en ‘la sociedad del conocimiento’”! Timor veritatem conturbat me, “El temor a la verdad me inquieta”, como diría Terencio. Se trata de conocimientos “negados” o “descalificados” desde el inconsciente, según Freud; o de “conocimientos incómodos”, en la expresión de Al Gore, y corresponden al lenguaje que no es “políticamente correcto”.

La verdadera situación y sus tendencias plantean constantes y crecientes ausencias cognitivas, sobre las causas principales que las provocan, así como sobre las soluciones a las mismas. Las verdades sobre las causas son aún más incómodas que la aceptación de que los males y peligros del sistema amenazan la vida en la Tierra. Sólo sostener que el cambio climático es “antropogénico”, es decir, consecuencia de la acción humana, como sostuvo hace tiempo un grupo de científicos de la Universidad de East Anglia, hizo objeto a los investigadores y a su director de incontables acusaciones y descalificaciones. La gran prensa y numerosas organizaciones, acusaron al director y a los investigadores de haber manipulado los datos de sus computadoras borrando aquéllos que dis-confirmaban sus tesis. El escándalo se dio en periódicos, gobiernos y universidades y fue tal que la Academia Inglesa de Ciencias nombró una comisión de sus especialistas para que aclararan si tenía base o no la acusación. La Comisión rindió un informe en el que hizo ver que los datos borrados por el equipo correspondían a una práctica de corrección y desecho de datos falsos, que es habitual en todo investigador, y que nada de lo “borrado” “disconfirmaba” la tesis de que el cambio climático es antropogénico. El escándalo siguió y fue tal que el Parlamento Británico decidió designar otra comisión de científicos cuyas conclusiones fueron exactamente las mismas de sus antecesores. Es más, dos connotadas revistas científicas norteamericanas defendieron al grupo y sus tesis. La revista “Nature” hizo una defensa abierta, y “Scientific American” publicó un número entero sobre el tema, en que todos los artículos de los más distinguidos especialitas confirmaban, una por una, las tesis del grupo de East Anglia, cuyo director por cierto acabó renunciando...

Un ejemplo más reciente sobre la negación del problema y sus verdaderas causas, es el del Presidente de la Academia Norteamericana de Ciencias sobre “Los Acuerdos de París”, cuyas resoluciones ni siquiera son “vinculantes”, es decir no son obligatorias para quienes las suscriben. Cuando Trump decidió retirar a Estados Unidos de “Los Acuerdos de París” –que unieron a todos los países del mundo–, y tomó esa decisión bajo el pretexto de que las tesis de los “Acuerdos” no se sostenían y eran inventadas, como una prueba de que no tenían ninguna validez y como prueba de su personal coherencia, nada menos que echó a andar las industrias del carbón, uno de los más agresivos causantes de la polución atmosférica, del calentamiento global y de uno de los más amenazadores efectos de éste en la biósfera, con repercusiones en el Polo Norte y el Polo Sur, como el derretimiento de las zonas de los grandes hielos, a la que sigue el crecimiento del nivel de los mares, y la intensificación de los huracanes, de las tormentas y las inundaciones de campos y ciudades.

A tamaña descalificación del Presidente de Estados Unidos, el Presidente de la Academia Norteamericana de Ciencias decidió publicar una carta sobre la certezas de la comunidad que representa, basadas en las investigaciones de los especialistas en peligros climáticos; pero al referirse a los causantes de los males, salió con una ingeniosa y lamentable afirmación en que se echó y les echó la culpa a los científicos por haber abierto “la caja de Pandora”... Lejos de él estuvo decir la verdad completa. Prefirió auto-flagelarse y flagelar a los suyos, empleando una cierta ironía culta y un sentido del humor más o menos indefinido. Lejos estuvo de él pensar y decir lo que Elmar Altvater, profesor de la Universidad de Berlín, ha sostenido fundadamente, y es que el cambio climático y sus peligros para la vida en la Tierra tienen como origen al sistema capitalista, cuyo atractor principal, por cierto, –y lo decimos una vez más– es la acumulación de poder, riquezas y utilidades.

El temor a la verdad completa oculta que “Los Acuerdos de París” son mínimos en relación al costo de los daños causados y por venir, y solamente se han cumplido en parte, insuficiencias a las que se añaden nuevos problemas con las soluciones que se han puesto en marcha –muchas de las cuales buscan sólo medidas técnicas dentro del sistema vigente–. Esas técnicas en buena parte y para colmo se han convertido en nuevos negocios de quienes venden “técnicas para protegerse del calentamiento global y otras amenazas”, o para salvarse de ellas… sin que el sistema tenga la menor posibilidad de llevar a los hechos, una verdadera solución.

Nuevamente el temor a la verdad completa, de que mientras el capitalismo domine al mundo, ni va a cubrir los daños que causan sus negocios con pérdidas que acabarían con ellos, ni va a dejar de producir, deliberadamente, mercancías de caducidad calculada con muchas de ellas “integradas como un todo compacto” en que si se decompone una parte deja de funcionar todo y, por grande que sea éste, se convierte en basura.

La verdad completa es que los negocios han prosperado desde que el sistema impulsó la sociedad de consumo y el consumo de masas con una exitosa publicidad de refrescos, comidas, y varios artículos más de “primera necesidad” y de baja que están creando también inmensos basureros en los mares, los campos y las ciudades, cuyos daños se hallan lejos de ser resueltos por un sistema que los produce para hacer inmensos negocios… con la basura…




Proyecto Político desde los años de la Independencia - décadas del 10' y el 20' del siglo XIX - Desde México, Argentina, La Gran Colombia y se cierra el siglo con Perú en 1821 - El Proyecto Político de la República y años más tarde en proceso proceso histórico-político, la lucha por la DEMOCRACIA, Proyecto Político aún NO terminado, Proyecto Político en plena lucha por su realización. LA DEMOCRACIA en la vida de los pueblos. Y la PAZ aún es una deuda política continental como  responsabilidad social de la Ciudadanía Política.
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Proyectos enmancipadores.

Males y remedios tienen mucho que cambia y mucho que persiste. Entre sus variaciones destacamos las dos principales y que siguen siendo plenamente válidas en el mundo entero: la democracia, y el que ésta sea efectiva, lo que sólo se dará si se logra que el sistema sea poscapitalista. ¿Cómo lograrlo?, ese es el otro gran problema que aquí sólo apuntamos.

Por lo que se refiere a los remedios, la solución persistente es la que planteó, –en la Revolución Francesa de 1789–, el ala izquierda de la Asamblea General. Cuando se discutía en quien debía recaer la Soberanía, y unos sostuvieron que en la Monarquía, mientras otros que en la República, la Izquierda sostuvo que el Soberano debía ser el pueblo. Esa profunda solución no se aprobó y en medio de todas las redefiniciones y aportaciones a la libertad humana que surgirían en los movimientos emancipadores –como el respeto a toda religión, creencia humanista, o diferencia de raza, edad, sexo y afinidades sexuales– y como el renovado peso que se dio con el radicalismo liberal y la revolución cubana a la organización moral y a la práctica del poder real del pueblo para que tome las decisiones definitivas, con todo y eso, la palabra “Democracia” dentro del capitalismo se vació de su contenido real y fue usada como disfraz de repúblicas y monarquías, de oligarquías y burguesías, y de regímenes y clases dominantes que para nada hacían efectiva la soberanía del pueblo, el poder real del pueblo y sólo usaban el término para ocultar su verdadero autoritarismo.

La transformación de la revolución popular en revolución burguesa, acompañada de los cambios que produjo la Revolución Industrial, dio pie a la aparición de empresas con un creciente capital fijo integrado en gran parte por maquinarias, y que sustituía el trabajo servil por un trabajo asalariado, –correspondiente al llamado capital variable, o que el capital empleaba para el pago de míseros salarios, quedándose con la mayor parte de la riqueza producida. Fue una época aquélla en que el capital empezó a exaltar una promesa de Progreso Generalizado que nunca cumplió y así ocultó un despojo al que los grandes economistas como Adam Smith y Ricardo no consideraron y del que a poco tiempo Marx y el Marxismo dieron cuenta con un conocimiento a la vez crítico y científico, cuyo análisis de la Sociedad y no sólo de la Naturaleza, aportaba a la ciencia el saber preciso de una categoría hasta entonces ninguneada por filósofos y utopistas, y que no sólo planteaba la necesaria lucha contra el poder de burguesías y aristocracias sino contra la dominación para la explotación de unos hombres por otros –de aquélla que los oprimidos y explotados, tendrían que liberarse mediante la creación radical y revolucionaria de un sistema socialista–. Su planteamiento y el de sus sucesores todavía no incluyó en un primer plano el gran peso que requeriría del poder de las clases y pueblos dominados y explotados, que necesitarían organizar su propio poder en una democracia, actual y moral, respetuosa de la libertad y de las diferencias y valores de sus componentes.

El proyecto emancipador, entre grandes tropiezos, se enriquecería como concepto liberador con el liberalismo radical de José Martí en la segunda mitad del siglo XIX, con los movimientos de la juventud del 68, con los de Cuba y los de La Lacandona del Sureste Mexicano encabezado por los indios mayas y por algunos jóvenes rebeldes que se integraron a ellos.

La explicación de tan complejo proceso debe buscarse en la verdadera historia que sucedió a la revolución de 1789 y a la revolución industrial, en aquélla con sus ofrecimientos profundos largamente olvidados tras la contrarrevolución que llevaron a cabo burguesías, aristocracias y ejércitos, y ésta con la verdadera historia de lo que sucedió, en que con la industrialización la contradicción creciente entre explotadores y explotados, primero llevó a una gran ola revolucionaria que estalló en l848 y que tras ser derrotada, inició todo un largo período histórico en que se combinaron las políticas revolucionaras y las reformistas, con las de poderosos dominios monopólicos en las metrópolis y su expansión en las colonias, bajo procesos que, durante un tiempo, permitían el reparto del mundo y que al llegar sus crisis de producción y consumo, de recursos naturales y de mercados derivaban en guerras “mundiales” entre las grandes potencias. En todos esos procesos que se repiten en su secuencia hasta nuestros días, la solución al problema no sólo se volvió esencial para los trabajadores formales e informales, ni sólo para los países coloniales y dependientes, o para los imperialistas sino para toda la Humanidad.

Seguir hoy el camino de las viejas soluciones lleva siempre, por un lado, a disminuir lo poco de derechos que pueblos y trabajadores tienen, y dadas las armas de que hoy disponen las grandes potencias, y otras naciones más o menos aliadas, a privar de todo sentido una guerra mundial, pues no sólo por la cantidad de países que disponen de armas nucleares, sino porque éstas son más poderosas y efectivas que nunca, todo hace también más válida que nunca la teoría de una “guerra de destrucción mutua” (“Mutual Assured Destruction”), que acabaría con la vida en el Planeta.

Y el problema no es sólo ese, sino el de una nueva Revolución Industrial, que está robotizando el trabajo, y dejando sin capacidad de consumo a miles de millones de habitantes y a no pocos de los que hoy tienen capacidad de compra. Es más, el tipo de socialismo conocido como socialdemócrata o keynesiano, o el que se conoce como socialismo marxista-leninista de Estado, han perdido sentido con las políticas neoliberales, y con las de una nueva “nomenclatura burguesa” que realizó la mayor “acumulación primitiva” conocida en la historia, en que sus beneficiarios, ya como capitalistas, usan la lógica del capitalismo de Estado tras la abierta restauración del capitalismo. La solución y freno a tan trágico desenlace está en la Revolución Cubana, que organizó la democracia, armada de moral y fusiles, de todo el pueblo con un espíritu que cada vez adquirió más un carácter defensivo frente a una ofensiva integral contra la sociedad, el mercado formal y el estado-pueblo.

La solución aparece también entre los indios y las comunidades campesinas y los sectores y zonas marginados de México que con los mayas y otras etnias practican la rica cultura del “nosotros” que tanto estudió Carlos Lenkersdorf, profesor de la UNAM, y que enfrenta tanto en las palabras como en los actos a la cultura debilitante del “yo” que el enemigo fomenta con el “individualismo”. Hoy, a la creatividad de esos caminos de transición a otra democracia y otro socialismo se añade la lucha heroica de Venezuela contra el imperialismo y sus oligarquías, en que se ha organizado un frente del bajo pueblo, de los trabajadores del campo, las ciudades y el petróleo, fuertemente apoyado por amplios grupos de los sectores medios, y nada menos que por el ejército bolivariano que encabezó Chávez –brillante ideólogo de la soberanía del pueblo y de la necesaria unión de Latinoamérica en la lucha por la democracia y el socialismo–.

Todos los movimientos señalados, en la junta de proyectos ancestrales y contemporáneos intentan un camino que, en lo que se pueda sea pacífico, y esté preparado para defender los intereses comunes, la libertad, y la justicia personal y social, en un proceso que se dará –entre conflictos y consensos– procurando en todo caso sostener la solución política que más los aleje de la vía armada, y construyendo la soberanía de los pueblos, que no se toma sino se construye desde abajo y con los de abajo, ideal que se originó en la Revolución Francesa y que tanto se enriqueció con las experiencias posteriores.

- Pablo González Casanova es Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Miembro honorario de ALAI.

Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento 525/526: Ante escenarios desafiantes 03/07/2017


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